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VIOLENCIA SOCIAL Y EDUCACIÓN AFECTIVA
VIOLENCIA SOCIAL Y EDUCACIÓN AFECTIVA
Por: Isaac Avellán Cedeño

Domingo 23 Enero 2011 | 00:00

Parece ser que la sociedad ecuatoriana está soportando una especie de maldición gitana debido al brutal incremento de la violencia social (rural y urbana) en forma de los más variados hechos criminales, robos, extorsiones, violaciones y secuestros a mansalva.


Hay que admitir -así las estadísticas digan lo contrario- que nunca antes hemos visto tanta violencia en el país como la que estamos observando y experimentando hoy en día, paradójicamente en una época de desarrollo tecnológico. Debería ser que a mejor educación y adelanto académico haya una mejor relación personal y tolerancia hacia los demás, pero no es así. Los educadores y motivadores se ven en la difícil situación de enderezar en el aula escolar, lo que la sociedad y la tecnología han torcido.
Es como si de pronto el hombre, en su afán de codicia, se olvidara de practicar los valores más elementales que nos diferencian de los animales, dando rienda suelta a sus agregados psicológicos en forma de rencores, odios, venganzas, envidia e intolerancia.
Creo que no hay hombres malos o desquiciados en el mundo, todos alguna vez hemos nacido nobles y limpios de alma; pero es justamente nuestra actitud mental frente a la vida y sus circunstancias la que hace la diferencia entre un hombre justo y un inmoral. Si el mundo está plagado de violencia e intolerancia, es porque sencillamente existen seres humanos que no conocieron ni comprendieron el amor y el afecto.
El filósofo Hegel  señalaba: “El ser humano no aprende nada de la historia, pero aprende todo del sufrimiento”. Me quedo con la frase de San Agustín de Hipoma, en sus Confesiones: “El ser humano aprende del sufrimiento, pero mucho más del amor”
Una vida en tinieblas por falta de amor es el caldo de cultivo para que se engendre la inconsciencia (llámelo maldad) en el corazón de la criatura humana, llevándolo a la irreflexión de sus actos, a la inmoralidad y la codicia. La inconsciencia del ser es la más pura ignorancia espiritual; la que propicia en el hombre la desobediencia hacia las leyes divinas y humanas.
Los hombres sin ilusiones, que se auto conducen hacia el abismo de la inconsciencia humana, son causa y efecto de lo que llamamos “maldad”. Como decía Siddartha Gautama (el Buda): “Todo dolor o maldad se origina de la ignorancia del ser”.
El afecto y el amor pueden convertir a un ser inicuo en una joya de humanismo y nobleza…

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