Actualizado hace: 1 hora 32 minutos
Raúl Mendoza Cevallos
Suba que sí hay asientos... pero ocupados

Conmocionado con las muertes en el accidente de tránsito hace unos días, me permito opinar que es un problema de todos los días el viajar de una ciudad a otra, ya que los servicios que nos brindan las diversas cooperativas de transporte son de muy mala calidad, en la mayoría de los casos.

Miércoles 12 Enero 2011 | 00:00

Los usuarios que todos los días hacen uso de este servicio son los afectados de manera directa, ya que estos, en algunos casos, pagan su asiento para ir parados o sentados en los pasillos del bus, ocasionando sobrepeso y deteriorando las condiciones mecánicas del autobús, que pierde su eficacia por la mala organización que tienen estas empresas  de transporte.
Cooperativas que día a día están siendo beneficiadas por el mejoramiento vial del país y en particular de Manabí, porque  las mejoras sirven para el desarrollo económico, social, turístico y político, ya que con vías en buen estado el producto llega más rápido del campo a la ciudad, crece la vida turística y la comodidad de las personas, e incentiva a los habitantes del país a conocer determinada región, provincia y cantón. Todo esto regido por algunas leyes como la Ley Orgánica de Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial, que es la que tiene por objeto la organización, planificación, fomento, regulación, modernización y control del transporte terrestre, con el fin de proteger a las personas y bienes que se trasladan de un lugar a otro.
Ley que, si nos damos cuenta,  no tiene valor alguno para los regularizados y controlados por ésta, como las cooperativas de transportes intercantonales e interprovinciales, nombradas por ser las que tienen mayor circulación por las vías y que deberían cumplir con los requisitos mínimos para poder estar en circulación.
Circulación que pocas horas antes de Navidad se ha visto manchada de sangre por la irresponsabilidad de los dueños de los buses, porque algunos, sabiendo de problemas mecánicos o electrónicos del vehículo, lo hacen trabajar. Y lo peor es que se transportan niños, adultos, así como de la tercera edad, demostrándonos con este acto no cumplen el fin de la ley, que es proteger a las personas.
La ley les da la facultad a las autoridades competentes  para realizar las respectivas revisiones y autorizaciones para poder circular, y que en muchos casos es manchada por la corrupción, la cual es la culpable de tantas muertes y heridos. Necesitamos responsabilidad de parte de las autoridades de turno, de los socios de las cooperativas, de los choferes de las respectivas unidades de buses, de los agentes de tránsito o policías y de los ciudadanos en general. Y para parar a la corrupción.

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