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La Prensa
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Por: Jorge Mosquera P.

Sábado 08 Enero 2011 | 00:00

La relación de la prensa con el presidente de la República no es buena; al contrario, cada vez se pone más incómoda y violenta. Ganan terreno los adjetivos. Con frecuencia las primeras planas de los periódicos y los noticieros de televisión dan cuenta de noticias que incomodan al primer mandatario, o que, a criterio del gobernante, no son del todo ciertas, convirtiéndose en calumnias para la revolución ciudadana.


En contrapartida éste “se defiende” y contraataca en las cadenas nacionales que cuentan  con un segmento especialmente  estructurado con este propósito. Se entiende que esta relación conflictiva está siempre presente entre estos  dos poderes, les es consustancial el conflicto; la prensa obligada a participar con su verdad en el quehacer nacional no puede escapar a la confrontación de ideas ni a las consecuencias que se derivan de este ejercicio dialéctico, como tampoco puede eludir la responsabilidad social de su accionar. Para bien o para mal la prensa está presente como pieza  clave en la historia  de este país. El presidente parece haber entendido a plenitud esta  certeza social y culpa a la prensa  permanentemente de parcializada y sesgada, de estar comprometida con intereses  contrarios al interés nacional.
Conflicto aparte, para los ciudadanos comunes  empieza a quedar claro que la prensa efectivamente es un elemento  estratégico para el desarrollo  y un testigo de privilegio de todo lo que sucede fronteras adentro. Por esta misma razón no se puede evitar pensar  que la prensa haya conocido,  en su momento, los pormenores de acontecimientos y decisiones cruciales. Siendo así, tampoco se puede soslayar, peor olvidar la corresponsabilidad de ésta en el fluir dinámico  de la vida nacional.
Personajes, acuerdos y desacuerdos, conflictos, reacciones, intereses y,  sobre todo, decisiones tomadas  por los gobiernos  de turno y que cambiaron el rumbo y las condiciones de vida de los ecuatorianos fueron noticia  y pusieron a  prueba la probidad del ejercicio periodístico.
El Ecuador del presente, éste que se muestra tan poco estructurado, inequitativo y desorganizado, encuentra en la prensa a un testigo privilegiado pero sutil, tanto que parece haberse limitado a espectar de puntillas el transcurrir de la vida nacional. Sólo así, con la pulcritud moral del que mira por mirar, se entiende que a la prensa  no se la pueda corresponsabilizar de lo que sucede. <

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