Actualizado hace: 3 horas 53 minutos
Claudio De Castro cv2decastro@hotmail.com
HAY ALGO DE ETERNIDAD EN LA NAVIDAD

Aquella mañana, como cada año, mi papá celebró con nosotros la Navidad.

Viernes 24 Diciembre 2010 | 00:00

Era hebreo, pero en su mirada se descubría que le llegaba al corazón tanta felicidad. Temprano, casi de madrugada, nos levantamos a buscar nuestros regalos bajo el arbolito. Y corríamos a despertar a nuestros padres. “¡Llegó la Navidad!”, exclamábamos felices, mientras abríamos nuestros presentes. Aún me veo sentado, cerca de  mis hermanos, junto al nacimiento,  al lado de mi papá, cantando villancicos.
Su mirada, aquella ilusión, se grabaron en mi alma. Cuando lo pienso comprendo su sentido maravilloso de la Navidad.  Compartir en familia las alegrías, la esperanza, la fe.  Vivir la pureza del corazón, la sencillez, la oración, el amor de Dios. Hay algo de eternidad en la Navidad.  Hay en ella un sentido profundo de humildad y silencio.  Presencia de Dios hecho hombre. Un don se nos da, una gracia inmensa. Y perdura para siempre. Por nosotros, nuestros padres y abuelos... nuestros hijos, y los hijos de sus hijos.   
Nos han dicho que Dios le habla a los humildes, por eso un pequeño nacimiento viene a nuestro encuentro recordándonos el valor de la humildad. Hace poco, buscando los orígenes de esta hermosa tradición, encontré al más humilde de los humildes, al pequeño Francisco de Asís durante la Navidad de 1223, en la campiña de Rieti, Italia.  Está orando, medita los textos de San Lucas. Y de pronto comprende. Se ilumina. Se llena de Dios.
“…había dicho a su amigo, Juan da Vellita su deseo de reproducir en vivo, el misterio del nacimiento de Jesús: "Desearía provocar el recuerdo del niño Jesús con toda la realidad posible, tal como nació en Belén y expresar todas las penas y molestias que tuvo que sufrir en su niñez. Desearía contemplar con mis ojos corporales cómo era aquello de estar recostado en un pesebre y dormir sobre las pajas entre un buey y un asno". El Santo construyó entonces en la ermita una especie de cueva y los campesinos de los alrededores asistieron a la misa de medianoche, en la que Francisco actuó como diácono y predicó sobre el misterio de la Natividad”.
Esta Navidad quisiera ser diferente, renovar mi vida… Primero perdonaré… y pediré perdón. Abrazaré al que necesita un abrazo. Daré una palabra de aliento al que está desanimado. A todos les obsequiaré una sonrisa espléndida. Saludaré al que vea, con un “Feliz Navidad”. Y le diré a Jesús que lo quiero, una y otra vez.
Haré de mi nacimiento algo memorable, como el nacimiento de mi infancia, cuando mi papá vivía y se sentaba con nosotros y nos contaba historias. Un nacimiento que permanezca grabado en los corazones, de los que lo vean. Y  nos recuerde la humildad, la sencillez y el amor.  <

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