Actualizado hace: 4 horas 10 minutos
Diciembre
Fernando Macías Pinargote
Fernando Macías Pinargote

¿Por qué tenemos la sensación de que ciertas horas, ciertos meses o ciertos actos, son mejores que otros? Caminar en medio de una arboleda, provoca un placer sin igual. Pararse en una esquina de una ciudad medio populosa, es cargarse de estrés y de miseria.

Jueves 07 Diciembre 2006 | 19:54

Los dos ejemplos muestran escenarios diferentes de la circunstancia humana. Por un lado el estado natural, tan salvaje, tan lleno de cosas incomparables, que lucha por prevalecer. Por otro lado lo angustioso de la civilización, el apuro, la tecnología, los compromisos adquiridos. Diciembre es un mes contradictorio, que marca, paradójicamente, las dos tendencias: el lado mercantilista en que se ha convertido la fecha, con el intruso papa Noel liderando las vitrinas y hasta algunos altares, y la natural solidaridad de la que somos capaces. Diciembre puede hacer el milagro de hacernos ver con ojos diferentes esos pequeños detalles que el resto del año pasan desapercibidos, o a lo mejor sólo puede otorgarnos una mentira piadosa, haciéndonos creer que sólo en este tiempo debemos mirar con ternura a los demás y el resto del año debemos cerrar los ojos, los oídos y los bolsillos a la miseria del planeta. Decir “diciembre, alegría obligatoria para todos” es relativo, porque las verdaderas circunstancias de nuestro ánimo están en nuestra mente. Cómo pedirle alegría a alguien que está destrozado por un evento de extraordinaria tristeza. Si estamos impactados por algo demasiado fuerte ni la fecha más linda ni los favores más intensos nos parecerán bonitos. Sin embargo, considero que podríamos hacer por este mes y en homenaje al verdadero personaje –el niño Jesús- muchas cosas buenas y sencillas: sembrar un árbol, confeccionar a mano las tarjetas (en una tarjeta elaborada a mano va impregnada nuestra energía y algo de nuestros auténticos deseos), leer –o releer- algunos de los libros que permanecen empolvados en nuestro estante, o visitar un río, una playa o una montaña. El contacto con la creación –y por ende con nuestros semejantes- tiene efectos maravillosos. Ser feliz y sentir que nuestra felicidad hace felices a otros, es una sensación única. Pensamos por mucho tiempo que descendíamos del mono, pero el desciframiento del genoma humano nos puso tan cerca de cada criatura –grande o pequeña que habita el universo. Aunque es parte de nuestra realidad, apartemos por un momento la idea de la maldad gratuita que nos rodea. Mientras exista vida el sol brillará y en cada amanecer podremos agradecer por aquellas cosas tan sencillas y tan extraordinarias que la vida nos dio. Esto y más es diciembre.
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