Actualizado hace: 17 minutos
Edison Cevallos Moreira edisoncevallos@gmail.com
EVIDENCIAS Y DESENGAÑOS

Las públicas y viscerales críticas hechas de manera permanente por el Presidente Correa al organismo de control financiero nos retrotrae al inicio del régimen del extinto León Febres Cordero con quien ostentaba entonces el cargo de Superintendente, cuando se negó a renunciar aduciendo que su periodo no concluía, capricho que terminó cuando el renegado funcionario terminó sindicado y en la cárcel por alguna infracción que le imputaron.

Domingo 19 Diciembre 2010 | 00:00


Lógicamente que acá no se ha de llegar a estos extremos, sobre todo por la pública y reiterada confesión del Presidente sobre la honestidad de la titular de ese despacho; y, sobre todo, porque fue él quien dispuso su designación, sacando casi a la fuerza y con serias imputaciones y agravios al antecesor titular,  quien a la fecha debe sentirse muy honrado por este también público especie de desagravio que le ha hecho el Presidente cuando reniega y tilda de ineptos y algo más a sus escogidos, y cuantifica en cero la recuperación de los dineros de la Banca.
Pero que un funcionario baje al sepulcro donde reposan los incapaces porque a criterio del Presidente incumplió con los designios de su mandato, a estas alturas, con lo contradictorio del mandatario, como que no pega fácilmente; y, en resultados, después de
casi cuatro años de gobierno, hasta pudiera ser para algunos como una especie de justificativo para el fracaso del régimen en el tema de la recuperación de la cartera vencida de los bancos cerrados.
Lo que sí es evidente, ya en los resultados de esta desigual disputa, es que los únicos perdedores sin duda alguna serán los pobres ciudadanos creyentes otrora del sistema financiero nacional, que aparecen con deudores de la banca cerrada, muchos de ellos con la
deuda totalmente cancelada  o con significativos abonos hechos, que por obra y gracia de los banqueros y mandos medios de estas entidades desaparecieron y se aprovecharon de estos valores no imputándolos a la deuda, acciones que se dieron por el factor confianza que reinaba a la época.
Y aquí sí tiene activa participación la ineptitud que pregona el mandatario de este estéril e inútil organismo de control, que no se tomó la molestia, por los evidentes intereses de por medio, en depurar la basura que los banqueros corruptos transfirieron  como cartera vencida, investigando su origen y los movimientos que en este se dieron con toda la historia del crédito.
Y ahora, desnaturalizado de manera ilegal e inconstitucional el domicilio de los deudores, a pelear en Quito con el Banco Central, y con la orden de cobrar a como dé lugar dada, esto resulta una especie de  manjar para esos burócratas indolentes y, muchos de ellos, intratables. <

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