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Eduardo Brito Mieles
La recta conformidad
Eduardo Brito Mieles

Alguien puso en duda que la conformidad llegue por línea recta. Contrasentido o desviación, sería encontrarla en forma elíptica, dando vueltas por curvas y desvíos y no por el camino recto de la razón frontal.

Martes 05 Diciembre 2006 | 21:28

Reflexioné sobre la presencia objetiva y soporte lógico de las cosas, tal como son. Recordé como ejemplo, el efecto emocional de un hombre y una mujer atraídos por el cruce de sus miradas, descarga eléctrica, en línea recta a través de los ojos, llenando sus cuerpos con ternura estremecida. Amor a primera vista, que altera el corazón y pone a bullir la sangre con el lenguaje puro de las almas. Recta conformidad con las emociones cruzadas, también con línea recta y directa. Pero, ¿Quién obra recto y conforme con su realidad individual? Muchos sin duda alguna, en su conformidad vital, pero muy pocos en rectitud, si se toma en cuenta la esencia que tiene la verticalidad, símbolo de la verdad. El bien obrar se estructura con el sentido íntimo guiado hacia la verdad: concordancia entre un hecho real y la idea que forma nuestro entendimiento, madurado por la educación y la experiencia. Así, de las entrañas del entendimiento, madurado por la educación y la experiencia; de las entrañas del entendimiento y la conciencia, nace el tipo de conducta, mala, buena o ejemplar, en recta conformidad con la razón o al margen de ella. Un ejemplo entre tantos, es la sentencia del juez o magistrado que debe ser corolario de recta conformidad con la Ley y los méritos del proceso. De lo contrario, la providencia luce mentirosa e ilegal y debe ser objetada, atacada o impugnada con los recursos que permite la Ley. Sin recta conformidad con la verdad, la actividad y decisión de las personas, en lo legal, político, ético, cultural, social o moral, son vulnerables por la carga explosiva de peligros que tienen todas las formas de fraude, engaño, farsa y mentira. Conductas que articulan el funesto defecto de deslealtad o infidelidad a la verdad y a las personas. Estigma de traición que acompaña hasta la muerte a todo ser desleal, bien entendido que la cárcel, es igualmente mortal, más que del cuerpo, de los valores que definen la dignidad personal. En la línea de esta nota, pregunto si el pueblo votó el domingo 26 en recta conformidad con la verdad. No cabe duda. En reacción masiva y oportuna, diferentes estratos sociales rechazaron los reiterados excesos contra la verdad y la dignidad humana. A tiempo tomaron el otro camino alternativo separándose de lo curvo y lo torcido. El balance de resultados, es hasta ahora, la recta conformidad con la sana razón y la intuición de una sociedad con buen entendimiento, madurando cívica y políticamente para no dejarse engañar otra vez. Y, ¿qué pasará mañana? Es posible que la conformidad perdure o la disconformidad llegue temprano, en relación directa con la sana razón y el equilibrio; o que los trazos curvos y sinuosos destruyan la credibilidad.
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