Actualizado hace: 4 horas 11 minutos
Walter Andrade Castro
Una clausura anunciada
Walter Andrade Castro

El “dueño” de cualquier ciudad es el municipio y al municipio hay que pedirle permiso cuando se quiere construir o remodelar y con más razón si donde se quiere construir es un bien público.

Lunes 04 Diciembre 2006 | 17:44

Así de sencillo. Nadie entonces, puede iniciar una obra nueva sin cumplir ese trámite burocrático que aunque puede sentirse a veces como un fastidio, un obstáculo para avanzar rápido en un proyecto, no se lo puede saltar porque el permiso de construcción es simplemente la voz de la ciudad, representada por el municipio, que le dice al constructor que la obra que piensa construir se puede hacer porque está de acuerdo a lo planificado y sirve para embellecer el patrimonio urbano o no la puede ejecutar porque riñe con ese criterio. Tan simple como eso. Y ¿a qué viene todo esto? Bueno, resulta que el Municipio de Portoviejo, en legítimo ejercicio de sus derechos, ha clausurado una construcción en la terraza del edificio del Consejo Provincial que estaba en pleno proceso de ejecución y que, hasta donde conozco, no tiene el permiso municipal respectivo. Es decir, se ha caído en el error de creer que el organismo provincial, por ser tal, puede darse el lujo de transgredir la legislación municipal en esta materia, legislación que todos los ciudadanos y todas las instituciones que tienen su sede en éste cantón estamos en la obligación de cumplirlas, nos guste o no, de la misma manera que cumplimos en pagar un impuesto al rodaje a beneficio del Consejo. Y lo pagamos porque estamos obligados a hacerlo, así no nos agrade. Sin embargo, lo interesante es que éste error, sí es que efectivamente ha sido así, se lo puede rectificar. ¿Cómo? Haciendo lo que hace todo el mundo. Es decir, presentando los planos de la remodelación o de la ampliación al conocimiento y aprobación del Municipio de Portoviejo. Y una vez entregados, los técnicos del cabildo deberán decidir en primer lugar si la obra contribuye al ornato de la ciudad y en segundo lugar si lo que se quiere hacer enriquece arquitectónicamente el edificio del Consejo Provincial que, dicho sea de paso, me parece forma parte del patrimonio de la ciudad. Entonces, si cualquier violación a las ordenanzas fue realizada de buena fe, la solución está a la mano y no creo que haya que dar más vueltas. Pero claro, si la construcción clausurada se la inició sabiendo la falta en que se incurría porque se pensó que en esta ciudad se puede hacer tabla rasa con las disposiciones municipales, se equivocaron del centro a la mitad: a Portoviejo hay que respetarla. El amor a una ciudad, igual que el que se ofrece a las personas, comienza, por el respeto. Esta es la clave, según los expertos, para la convivencia pacífica.
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