Actualizado hace: 22 minutos
Adib S. Doumet P.
¡Sin perdón!

No termina de pasarme la impresión que tuve al ver el accidente del sábado 18, y a estas alturas me pregunto ¿qué podemos hacer ¿, ¿a quién culpamos?

Sábado 02 Diciembre 2006 | 21:15

Yo me remito a decir que todos tenemos una parte de culpa en esta desgracia: La policía, pues los operativos o batidas las realizan hasta las 12 de la noche cuando todo el mundo sabe que es desde las dos de la mañana que comienzan a creerse corredores de fórmula uno los ebrios al volante. Los taxistas, que en su afán de ganarse una carrera se estacionan en doble fila a las afueras de los centros nocturnos. Los padres, que permiten que sus hijos recién salidos del colegio lleguen a la hora que les de la gana y en el estado que les de la gana a sus hogares Nosotros los peatones y usuarios de los centros nocturnos, pues toda regla que nos imponen nos parece una condena, cuando lo que se trata es de convivir en armonía. ¿Hasta cuándo va a tener que morir más gente inocente en el mismo sector de la ciudad? No permitamos que nuestros ánimos, nuestras ansiedades, nuestro afán de diversión, nos quiten la existencia. La primera ley de la subsistencia expresada por nuestro creador es cuídate que yo te cuidaré, apliquemos esa máxima en todos los actos de nuestra vida, seamos más mesurados, no somos invencibles y mucho menos de hule; somos simples mortales, la juventud se la vive una vez y hay que ser buenos administradores de esa edad tan linda, ya que al final de nuestros días nos trae tantos recuerdos. Qué bueno sería en el ocaso de nuestra existencia sentarnos a platicar junto con nuestros nietos sobre todas las hazañas que realizamos en nuestra edad de oro. Es verdad que nadie sale de su casa con el afán de accidentarse ni de matar a nadie, pero existen actitudes que no son tolerables bajo ningún concepto, como el manejar ebrio y a exceso de velocidad. No encuentro aún razón lógica para tan irreparable perdida, y ni la justicia divina traerá ni devolverá la paz y el sueño a los deudos de las víctimas, mucho menos la justicia terrenal. Hago un llamado a todos los que vivimos aquí; pensemos y meditemos un momento sobre la consecuencia de nuestros actos, no podemos ser tan indolentes. ¡Más vale perder un minuto en la vida que la vida en un minuto!
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