Actualizado hace: 4 horas 18 minutos
José León Ibarra Sociólogo
LOS RESULTADOS DEL EX IERAC

La provincia de Manabí, al ser creada el 25 de julio de 1825, abarcaba territorios que posteriormente pasaron a formar parte de Pichincha y hoy Santo Domingo de los Tsáchilas, así como también de la provincia de Cotopaxi.

Viernes 27 Agosto 2010 | 00:00


El extinto Instituto Ecuatoriano de Reforma Agraria y Colonización (IERAC) se dedicó a la ingrata tarea de repartir grandes extensiones territoriales del Estado, que eran vírgenes y con abundante flora y fauna y fuentes hídricas, a los políticos de turno y militares en servicios activo y pasivo.
Sus bosques fueron talados para explotar su madera y convertirlos en pastizales y en cultivos de ciclo corto, que poco después se convirtieron muchos en eriales y depredadas su micro cuencas.
Es irónico que el ex IERAC se haya convertido en el mayor culpable del minifundio y de la deforestación del Ecuador por la forma anti-técnica que se colonizó las tierras baldías, ya que no se priorizó a la biodiversidad articulada a una explotación agropecuaria técnica, con sistemas  de sifones para utilizar las micro cuencas y sin estabular el ganado.
En épocas del triunvirato militar y de Rodríguez Lara, los campesinos se vieron obligados a deforestar las montañas para que no fueran consideradas tierras ociosas en ser intervenidas por el IERAC.
Manabí y Esmeraldas fueron de las más afectadas, pues por la políticas del IERAC se llenaron de colonos especialmente provenientes de Pichincha; es decir, trabajadores de las haciendas cuyos dueños generalmente vivían en Quito. Se formaron poblaciones con estos colonos, como es el caso de La Concordia en Esmeraldas y de La Manga del Cura en Manabí, cuyos territorios hoy aparecen como tierras de nadie.
En el caso de Manabí, se pretende perjudicarla una vez más por la clase política de Guayaquil, que siempre ha pretendido los territorios de La Manga del Cura de donde proviene el 80% del caudal de la Presa Daule-Peripa; incluso la CEDEGE ni siquiera consideró tener en su directorio un manabita o hacernos participes de la generación hidroeléctrica de la presa Daule-Peripa.
Un plebiscito en La Concordia y en La Manga del Cura, para preguntarles a los descendientes de los colonos a que provincia desean pertenecer, sería injusto y maniqueo, que contribuiría a la desunión de sus habitantes; desde la óptica histórica y del derecho territorial, muchos de ellos no se sienten ni esmeraldeños ni manabitas en un gran porcentaje, por lo tanto perjudicaría a la territorialidad ancestral obtenida desde la creación de estas provincias. <

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