Actualizado hace: 15 minutos
Jipijapa
A los veintiocho días de haber muerto lo sepultan

Mientras en un equipo de música retumbaba la voz de Alci Acosta “pero vi que no vale la pena de mancharme las manos contigo, yo te quise y te quiero a la buena y del cielo vendrá tu castigo”, unas cuantas personas miraban los preparativos que se hacían para darle sepultura al cadáver de Alexander Parkhomchuk.

Martes 13 Julio 2010 | 20:59

Parkhomchuk fue un ciudadano de nacionalidad rusa, que a la edad de 45 años, lejos de su tierra, murió en una habitación de la casa de alquiler  de departamentos La loma italiana, en el cantón Puerto López.
En la morgue
A las horas de haber sido encontrado su cadáver, fue trasladado al anfiteatro de Jipijapa para que se le realizara la autopsia, el martes 15 de junio. Las autoridades judiciales expresaron que no podía estar más de 6 días en dicho lugar, pero finalmente transcurrieron 29 días que se lo conservó en el frigorífico.
Las circunstancias que dilataron la fecha para sepultar a Parkhomchuk fueron los contactos de la Fiscalía con la Embajada rusa, y esa institución a su vez con los familiares del fallecido en Rusia, quienes les dijeron a sus compatriotas que por su pobreza no podían costear los gastos de pasajes para venir y llevar el cadáver, por lo que autorizaron a las autoridades locales para que dispusieran lo pertinente, expresó el administrador del cementerio, Alfonso Bonilla.
Es así que ayer, en medio de una fría mañana, Emilio Vera y otros empleados municipales sacaron del frigorífico el cadáver y lo colocaron en un féretro para trasladarlo al cuerpo de bóvedas de la asociación cultura y trabajo Evágora Pincay, que por gestiones de la socia de dicha entidad, Mary Macías, facilitó una tumba.
Un par de curiosos, los empleados del municipio, entre ellos el comisario municipal, Jhonny Menéndez, y varios periodistas, por el seguimiento que se le hizo a este caso, fuimos los que de alguna manera le dimos el último adiós a este varón a quien nunca antes habíamos conocido.
Como los temas de Alci Acosta seguían sonando, Alfonso Bonilla explicó que la había puesto para despedir con música al ruso. “… y el triunfo mío será verte llorar gota a gota”, sonaba en la radiograbadora. En ese instante uno de los presentes recordó aquella expresión popular de que se sabe donde se nace, pero no donde se muere, y en este caso se le añadió que tampoco donde quedaría sepultado.

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