Actualizado hace: 53 minutos
MONTAJE
Pescando en Quito (o la última curva)

Pensaba escribir, entre los paréntesis que acompañan siempre al título de esta columna, la frase “recta final” donde acaban de leer “ última curva”. Es la cuarta semana de rodaje y siento que vamos tomando una curva a toda velocidad, pegados al piso. A este paso, tendremos que abrir un paracaídas cuando llegue la hora de frenar.

Domingo 11 Julio 2010 | 00:00


El martes 6 de julio nos levantamos en Guaranda, provincia de Bolívar. Madrugamos,  el plan era tratar de atrapar al Chimborazo cubierto de nieve (o, como dice en el guión, “cubierto de plata”). Se supone que Blanquito (Andrés Crespo), nuestro personaje principal, no había salido nunca del Matal y mucho menos de Manabí. Ponerlo al pie de un nevado era, por decir lo menos, nuestra obligación. A las 09h30 corríamos de un lado para el otro en los autos de la producción, buscando un espacio libre entre las nubes, donde Blanquito y Fabricio (Carlos Valencia) pudieran tener el diálogo de rigor. Encontramos un par, pero una vez montados los equipos y con el personal listo para la acción, el cielo volvía a cerrarse, orgulloso de habernos engañado. A las 13h20, cansados de esperar y poseídos por el frío cruel del páramo, decidimos replantear la escena  y aprovechar la espesa niebla que envolvía la carretera. Ahora tenemos una secuencia memorable, onda Stephen King, en la que Blanquito se enfrenta por primera vez a la Sierra ecuatoriana. Bien. 
El jueves 8 empezamos a grabar en el terminal terrestre de Quitumbe (que dicho sea de paso, parece un aeropuerto), al sur de Quito. Haremos también varias escenas en la Plaza Grande, frente a Carondelet, y en uno de los valles que rodean la capital. Cambiar de ciudad, cambiar de aire, nos ha servido para recargar baterías. Aquí estamos, dejando el último suspiro en cada toma, consumidos por el ritmo kamikaze del rodaje (entre 12 y 14 horas diarias de trabajo, seis días a la semana),  pero firmes y dispuestos hasta las últimas consecuencias. Para cuando ustedes lean esto, nosotros estaremos montando las escenas de clausura. Y nada, feliz de estar llegando al final de esta segunda etapa en la vida de Pescador y feliz de volver a mi vida de civil. Si todo sale como queremos que salga, estrenamos el próximo año, primero en festivales internacionales y luego en las salas del país. De hecho, lo más justo sería mostrarla en sociedad y en pantalla gigante luego de un atardecer en El Matal, con langosta y cerveza. Así que pueden estar tranquilos, esta columna regresa a la normalidad aunque su autor ya nunca será el mismo.

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