Actualizado hace: 3 horas 33 minutos
La frontera: imagen y realidad
La frontera: imagen y realidad
Por: Ricardo Trotti
info@ricardotrotti.com

Martes 29 Junio 2010 | 00:00

En localidades fronterizas, la diversión y el crimen suelen estar asociados. Por lo general, la actividad delictiva que se prohíbe en una ciudad es la parranda que se permite cruzando la frontera, y Tijuana, en el extremo noroeste de México, no es la excepción.

Lindante con la estadounidense San Diego, Tijuana fue el escape preferido de los californianos cuando la “ley seca” les restringía alcohol, sexo y juego. Todavía resuenan las andanzas de famosos como Clark Gable y Al Capone en los casinos, hipódromos y burdeles de la época.
Aquella laxitud, sin la debida regulación, y el crecimiento demográfico vertiginoso, fue apuntalando la expansión del crimen. Tijuana sigue siendo una de las ciudades más peligrosas y violentas de la frontera con EE.UU., zona virtualmente capturada por los cárteles de la droga.
Los narcos no sólo trafican hacia EE.UU. – un negocio equivalente a 25 mil millones de dólares al año - sino producen e inundan con drogas su mercado. Sus actividades incluyen piratería, contrabando, secuestros, sicariato, tráfico y trata de personas; y las armas, por una cuestión práctica las adquieren en EE.UU., pero por su poder económico, las conseguirían en cualquier mercado negro del mundo.
Esta imagen victimizada aparece cada vez más en los discursos oficiales. Desde hace unas semanas, el secretario de Gobernación (ministro del Interior), Fernando Gómez Mont, insiste en que son los medios, al publicar hechos violentos, los que desvirtúan la realidad y crean el ambiente de violencia.
La Tijuana actual, sin embargo, contradice al ministro. A pesar de la todavía gravedad de los crímenes, 139 homicidios y 28 secuestros en el primer trimestre del año, es la única ciudad de frontera con índices a la baja. Muchos coinciden que este fenómeno, en parte, se debe a la denuncia mediática permanente sobre hechos que involucran a los narcos, a diferencia de otras plazas, como Ciudad Juárez, Reynosa, Nuevo Laredo, donde los periodistas han optado por la autocensura para sobrevivir; un silencio también peligroso, porque inmuniza a los delincuentes y potencia la criminalidad.
Dos factores adicionales tienen incidencia en la reducción del crimen en Tijuana. El cartel de los Arellano Felix tiene el monopolio de la plaza, lo que evita las guerras entre bandos que se registran a diario en otras ciudades; y un Ejército que no sólo asestó varios golpes a los Arellano Félix y purificó a las corruptas fuerzas policiales, sino que generó confianza entre los ciudadanos con campañas enfocadas a crear una cultura de la denuncia.
Bajo el lema “nosotros sí vamos”, el Ejército contrarrestó la ineficiencia y la desconfianza hacia la policía, acudiendo cada vez que los ciudadanos denunciaban hechos criminales a través de correos como nosotrosivamos2zm@yahoo.com.mx, generando así mayor credibilidad en las instituciones.

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