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Por la debilidad afectiva del hombre
Por la debilidad afectiva del hombre
Por: Ricardo Quintana Cedeño

Viernes 25 Junio 2010 | 00:00

Aunque algunos a lo mejor no se hayan dado cuenta, aún los casos de violencia contra la mujer, que terminan en sangrientos asesinatos, siguen siendo muchos; recientemente comentábamos en una reunión social, el caso de una amiga en común cuyo familiar cercano, un hombre por supuesto, había matado de una certera puñalada a su mujer y luego se mató él, dejando unos menores en la orfandad y con el trauma insuperable de ver el trágico final de su progenitores.

Y estos casos se repiten una y otra vez, todos guardando un comportamiento en común que nos hace caer en cuenta cuán diferentes pueden ser los comportamientos del hombre y la mujer. Cuando en una pareja, sean casadas legalmente o en unión de hecho, el machista hombre se encuentra con un ejemplar femenino que le alborota las hormonas y embrutece la razón, que le hace replantear su vida, dándose cuenta lo miserable que ha sido  viviendo junto con su esposa, no vacila ni un minuto y sin más ni más le dice a la susodicha, chao, hasta la vista baby,  me voy en pos de mi "verdadera felicidad".
Y adiós hijos, responsabilidades, obligaciones adquiridas, promesas hechas, todo se  va al carajo y la sufrida esposa, aunque le duela y le sangre el corazón, no le queda otra que hacerse a la idea, enjugar las lágrimas, sacar fuerza de donde no las hay y echar pa lante, porque sus hijos tienen que comer, vestirse y estudiar. No, no puede haber tiempo ni para llorar.
Pero cuando el caso es diferente, y es la mujer la que le dice al hombre hasta aquí no más, el escenario es diferente; no, no puede ser, qué mujer más desgraciada, claro desde cuántos siglos tuvo que estar conviviendo con su amante, es una cualquiera. Y comienza el desprestigio, claro porque cuando el hombre se va es por amor, pero cuando es la mujer la que se va es por mera calentura sexual. Y comienzan los clásicos  chantajes, “te quito a los niños, no te llevas nada, y ya voy a hablar con mi suegra y mis cuñados para que no alcahueteen tu desvergüenza.” Y siguen los chantajes para que regrese, y el muy bruto confunde el contrato del matrimonio con un contrato de compraventa. “Me enveneno, te mato y me mato”, y el muy estúpido lo llega a cumplir, simplemente porque el hombre no tiene agallas para recomenzar.
Si el Presidente Correa quiere subir los años de cárcel por los delitos  contra la vida, hasta por 35 años, a las bestias cobardes que asesinan a madres y esposas sufridas deben darle por lo menos 50. El bocón que dijo que las mujeres son el sexo débil, no cabe duda que estaba más perdido que payaso en funeraria. Mis respetos por las mujeres que de las cenizas del dolor resurgen como el ave Fénix, silenciosamente y sin escándalo......dispuestas   una y otra vez  a recomenzar!

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