Actualizado hace: 2 horas 19 minutos
Manta
El cáncer lo mata muy lentamente

Tiene una herida profunda en el rostro. Sólo tiene un ojo, no puede comer, escuchar, ni hablar. Las 24 horas del día las pasa postrado en una cama cubierto con un toldo, que se ha convertido en su cárcel y escudo.

Miércoles 23 Junio 2010 | 20:33

Su nombre es Ramón Cedeño y desde hace 30 años padece cáncer en la piel, una enfermedad que lo ha dejado sin rostro. El único ojo que tiene está a punto de perderlo. La vida se le está terminando de a poco.

Él vive en la ciudadela Urbirríos en una casa de caña con su hija Temis Cedeño y es conocido como “El hombre sin rostro”.

Ramón estaba en pijama acostado en su cama. Su hija le hizo señas para que saliera, abrió el toldo y mostró su rostro. Se levantó, luego se sentó sobre otra cama, cruzó una pierna y flexionó su rodilla para abrazarla, estaba triste.  “Con él no se puede hablar, hay que hacerle señas porque el cáncer lo tiene sordo”, explicó su hija.

Luego ella comenzó a narrar la historia de su padre. Hace 30 años, a Ramón, en el sitio Mosquito, de la comuna Río Grande, de Chone, le salió un grano en el rostro. Se le formó una lepra en la cara que le iba carcomiendo la piel. Primero perdió la nariz, luego la llaga se le fue profundizando hasta que perdió el ojo y la dentadura.

Ramón para  lograr sobrevivir ha respirado durante 30 años por la boca. Hay noches que no duerme porque cree que va a encontrar la muerte.

El terror de Ramón comienza cuando le da gripe y tos porque no puede expulsar la flema.

La última vez que fue atendido por un médico fue hace hace tres años porque su familia es pobre y su enfermedad no tiene cura.

Su hija solicita ayuda económica para controlar el cáncer de su padre. Su número es 091517367, ellos viven en la manzana O de la ciudadela Urbirríos en la parte baja.

Ramón no tiene dientes, pero desde hace varios años cuenta con placas dentales, aún así le resulta difícil digerir los alimentos. Para que siga sobreviviendo su hija le da sopas, batidos y agua.

Ella dijo que su padre ha logrado subsistir con el bono solidario que entrega el Gobierno. Con ese dinero compra los alimentos y los medicamentos para evitar que el cáncer le continúe carcomiendo la piel, le destruya el ojo, la lengua y el cerebro. Ramón se ha convertido en el rostro del dolor. 

 

 

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