Actualizado hace: 19 minutos
Evita Raquel Coral Almeida
Por siempre Manuela

Quiero escribir sobre una mujer cuestionada por muchos, admirada por otros, respetada por más...

Viernes 18 Junio 2010 | 00:00

Pretendo estar entre los últimos y es que Manuela Saénz nace con vocación política, dueña de una carismática y fuerte personalidad, cálida y alegre; expresa su inconformidad ante los acontecimientos de injusticia social que se vivía por aquella época. Se relaciona con un grupo de mujeres entusiastas a favor de las fuerzas libertadoras quienes junto a Rosa Campuzano organizan reuniones, recoge dinero entre familias amigas y simpatizantes de las ideas bolivarianas, provee de recursos a las fuerzas libertadoras y se convierte en amiga entrañable de Sucre  y gran colaboradora.
Son estas actividades que definen su amor por la humanidad y su pasión por la libertad.
Es junto a Sucre que doña Manuela escribe páginas heroicas en el campo de batalla de Junín y en la batalla de Ayacucho. Allí demuestra su arrojo, valor y heroísmo, cualidades estas que le permiten ser colaboradora inteligente de Bolívar. A su lado realizaba largas cabalgatas. Sí, es verdad, el amor los amarró más allá del tiempo y de la gloria y es que les unía los mismos sueños libertarios.
Ella no fue sólo la amante de Bolívar, fue la enfermera en el campo de batalla, soldado en la requisa. Amazona entre las tropas. Siempre mujer en la ruda vida del combate; fue compañera para Bolívar, camarada para los generales, hermana para los soldados, señora por consenso, siempre la más grande por encima de las críticas y los prejuicios de una sociedad con profundas raíces feudales.
Se ganó el amor y respeto sin concesiones; por su propia acción dinámica generosa y encantadora su imagen penetró en la mente y corazón del hombre sencillo, del patriota.
Y así, de esta manera sutil y valerosa, fue penetrando en el corazón de Bolívar.
En este marco histórico, estos dos seres extraordinarios, estos dos baluartes  de la libertad se amaron, compartieron los mismos anhelos de gloria, el mismo sentido de sacrificio por la patria grande. Es que ella fue alma, nervio y corazón en la lucha por la independencia de América.
Manuelita fue una mujer visionaria. Ahora su figura se agiganta a través de los siglos.
Como copartícipe de la libertad estuvo junto a Bolívar, siempre conoció el sabor del triunfo y la gloria pero también el dolor, la indiferencia, el silencio, la soledad, la traición, el destierro.
Hoy la historia la ubica en el pedestal de las grandes y la convierte en ejemplo vivo de la mujer de hoy, en ícono de la rebeldía y patriotismo.

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