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Cuando ellas van a los prostíbulos
Manta

Cuando ellas van a los prostíbulos

Miércoles 07 Abril 2010 | 19:54

Las mujeres que van a entrar no son prostitutas. Los hombres no dejan de mirarlas. A las dos las llevó la curiosidad al prostíbulo, querían saber cómo es.

Visten lo menos parecido a una trabajadora sexual: jeans y zapatos cortos. El guardia bromea y pregunta si andan en busca de cuartos.
Una de ellas, la morena y flaca, asustada, regresa al vehículo, donde su compañera, la alta, está buscando la cédula que confirme que es mayor de edad.
Aclarado todo ingresan al local. La morena sigue nerviosa, sus ojos no dejan de mirar el piso y teme que pueda “encontrarse con algún conocido”. Es quincena y el prostíbulo está lleno.
La alta, ocultando su temor ante las miradas penetrantes y morbosas de algunos, prefiere hacer como si estuviera en casa. Toma una silla y le pide a su acompañante que se siente también.
La alta prefiere poner cara de suegra mala. Aunque no viste con ropa sensual ni provocativa, se siente como si la tuviera porque todos la miran. Los borrachos son los más descarados.
Algunos hombres visten camisas de cuello y mangas largas, otros camisetas y jeans.
Los primeros las miran con miedo, como si los fueran a delatar ante sus esposas. Como si fueran detectives y sus mujeres las contrataron para cogerlos in fraganti.
Al que vende cervezas le importa un comino qué hacen allí. Él sólo quiere venderles las cervezas que más pueda.
“Buenas tardes”, dice y pone una cerveza en la mesa. Una de ellas estira su mano y paga el dólar.
La morena se pone cansona. Ya conoció el burdel y ahora quiere escapar de aquel lugar, dice mientras bebe de su vaso.
Una cerveza más y se van la morena y la alta. Conocieron un burdel y no saben si volverán.

Diferentes

Para algunos hombres, las únicas mujeres que ingresan a los burdeles son las prostitutas. Pero hay quienes entran y no lo son.
Es el caso de Luisa e Irene, quienes aunque nunca han prestado servicios sexuales conocen el ambiente de los prostíbulos.
A diferencia de los hombres, las mujeres que frecuentan los burdeles no obtienen sexo y según un estudio realizado en Estados Unidos, ellas van para beber junto a sus amigos y romper los estereotipos impuestos por la sociedad.
Luisa tiene 20 años y dice haber visitado en varias ocasiones los prostíbulos.
La primera vez fue porque varios amigos la desafiaron a tomarse unas “cervecitas” en El Puente. Ella accedió porque no le pareció algo fuera de lo normal.

Conservadores

Irene va porque sus amigos la invitan a tomar.
Cuenta que los que son más conservadores (como sus padres, que si se enteran la matan) o hipócritas, como ella les llama, le han reprochado que ingrese a estos lugares.
“Aquél es un ambiente feo, no para mujeres”, “los prostíbulos son para hombres” y “te van a ver como lo peor” son las frases más comunes que ha escuchado. A ella no le importan esos comentarios.
 


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