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Nacionales
Ecuador tiene menos glaciares y lluvias

El deterioro del clima provoca desajustes varios. Afecta al agro y reduce el potencial de recursos.

Lunes 14 Diciembre 2009 | 12:45

Las señales del calentamiento global empiezan a notarse en el Ecuador. Una muestra del cambio climático se la evidencia en la población de El Chota, provincia de Imbabura. En esta comunidad los cerca de 500 agricultores que viven en la zona están preocupados por la escasez de lluvias y el bajo nivel del río Chota.
El afluente sirve para el riego de los campos de esa localidad y de las comunidades aledañas: Ambuquí y Juncal. El río, que según los campesinos se desbordaba, hoy tiene poca agua. En el lecho del afluente es notoria la presencia de piedras y arena, y en algunas zonas hay aguas estancadas.

Estas aguas se han convertido en el hogar de  zancudos y sapos que retozan sobre las piedras que antes estaban bajo el agua.
Segundo Padilla, uno de los ancianos que vive en El Chota, evoca con nostalgia los días en que se podía pescar, bañarse y hasta navegar en las aguas del afluente.
Hoy, afirma, el río apenas les sirve para el riego, ya que está contaminado y no hay cómo bañarse ni pescar. “Ahora, si uno se baña en esas aguas, le caen hongos”. Él cree que el río se empezó a secar hace unos cinco años.
“La gente que viene de afuera no nota los cambios, yo vivo con mi familia  hace 50 años aquí y sé que este río  ha perdido su caudal”, asegura el hombre.
A cinco cuadras de la casa de Padilla, Miriam Calderón, espanta, con un  periódico, los  mosquitos. La mujer, de sonrisa amplia y baja estatura, tiene en sus manos un balde con unos caracoles que recogió en el campo.
Esta actividad es una forma de vida de las mujeres que viven en El Chota, pero que este año se volvió más complicada porque  la prolongada sequía, por la falta de lluvias, hace que esos animalitos se pierdan.
“Pasé cinco horas en la montaña y solo recogí la mitad del balde, antes la cosa era distinta, en dos horas teníamos un balde lleno”, recuerda Calderón.
Ella explica que los caracoles son usados para un plato tradicional. El balde lleno con estos animales cuesta US$ 10.
En 1976 había 19 km2 de glaciar en el Cotopaxi; en el 2006, solo 12. Algo similar pasa en otros nevados...
Para Calderón, el calentamiento global no es solo una frase de moda. Puntualiza que a la par de la reducción del agua en el río, la falta de lluvias ha condenado a los cultivos de tomate, ají, pimiento, caña, mandarina y ciruelas, tradicionales en la zona.
 “Como no   hay  agua para el riego, hay que hacerlo con agua contaminada”, asegura.
Calderón indica que desde hace tres meses se siente la falta de lluvias en El Chota y espera que a fines de diciembre la situación se normalice, de lo contrario, asegura, tendrán que emigrar.
Benedicto Méndez, conserje de la escuela José María Urbina, en El Chota, también está preocupado.
Él señala  el lugar donde la comunidad instaló un muro de contención para detener la furia del río; hoy esa muralla ya no sirve. “Es preocupante, antes el río llegaba hasta cerca de la escuela”.
Así como sucede en El Chota, en otras provincias de la Sierra  también hay ríos que están casi secos. En la provincia del Carchi, el río Ángel casi desapareció, mientras que el Juan Montalvo y Mira tienen escaso caudal. La situación tiene alarmados a los agricultores.
En Tungurahua y Bolívar las comunidades  se quejan por la reducción de los caudales de los ríos que han afectado los cultivos de maíz, papa y legumbres.
Según Gonzalo Ontaneda, jefe de investigaciones del Instituto Nacional de Meteorología en Hidrología (Inamhi), hace seis años este ente registró una disminución del 40% de las precipitaciones en el país y casi un 80% en Galápagos.
Aclara que si bien es una consecuencia del calentamiento global también se debe tomar en cuenta la variabilidad climática que hace que las lluvias cambien de fecha y estación.
“Van a existir lugares donde no llovía y hoy llueve”. Detalla que la sequía que se vive actualmente es por la variabilidad del clima. 
Eso explicaría, dice, las prolongadas sequías en varias provincias de la Sierra y temperaturas de hasta 27 grados centígrados en la capital.
Empero, Ontaneda, en cambio, menciona que no se sabe la magnitud de la incidencia del calentamiento global en la serie de cambios climáticos en el país.
Con relación al calentamiento global, Ontaneda explica que es un proceso que se monitorea desde 1971.
Desde ese año hasta el 2008, sostiene, en el Ecuador se registró un aumento de 0.8 grados de temperatura.
Otro de los indicadores de las señales  del calentamiento global es, sin duda, la nieve de los glaciares.
En el Ecuador,  el volcán Cotopaxi es el ícono para el monitoreo.
Bolívar Cáceres, experto en glaciares del Inamhi, detalla que en  ese volcán se realizó un análisis donde se estudiaron las fotografías aéreas de 1976, 1997 y 2006. Según Cáceres, luego del análisis se pudo establecer que la cobertura de hielo sobre el volcán del Cotopaxi se ha reducido en un 40%.
“En 1976 había 19 kilómetros cuadrados de glaciar y en 2006 existían 12. Vemos una pérdida de 7 kilómetros”. Detalla que el calentamiento global es una de las causas, pero no la única.
Cáceres alerta que si continúa el retroceso de la nieve, las poblaciones aledañas perderán sus fuentes de agua, ya que no solo el Cotopaxi tiene menos hielo, sino también el Cayambe, Antisana, Chimborazo, Carihuairazo, Altar y los Ilinizas.
La alerta de Cáceres ya se siente en las comunidades de Mulaló, Romerillos y las haciendas  al pie del Cotopaxi.
Baltasar Ushca, el último hielero del Chimborazo, quien vive en las faldas del  volcán, teme quedarse sin su fuente de ingresos ante la amenaza de pérdida de los glaciares.

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