Actualizado hace: 2 horas
Jorge Maldonado F.
Se atrevieron

En varias oportunidades los llamados kikuyos intentaron eliminar al Centro de Rehabilitación de Manabí, pero al haber sido creado por ley se necesitaba del Congreso Nacional para que expida la ley que termine con la institución manabita. Los diputados no se atrevieron a proponer esa ley.

Miércoles 16 Septiembre 2009 | 19:56

Eran las épocas en que el gobierno y los gobiernistas temían las reacciones de Manabí; sabían que los manabitas, tocados en sus sentimientos hacia la “patria chica”, son capaces de unirse y provocar situaciones peores a las que produjeron los “forajidos” en Quito. Es que el CRM era una herramienta de desarrollo. Su campo de acción fue el estímulo técnico a la producción agropecuaria y agroindustrial, el aumento de la productividad; sus primeros tiempos, además de inversiones en el desarrollo urbano de Portoviejo y Manta, el CRM se ocupó de asegurar agua para el riego de los campos manabitas, construyó la presa de Poza Honda que en su tiempo fue la mayor presa de embalse en el país, tema de visita de observación técnica para los estudiantes de hidráulica de algunas universidades. El proceso avanzaba con la construcción del sistema de canales, pero en algún momento de esa historia se perdieron los objetivos de la institución; desaparecieron los programas relativos a la producción; el fenómeno El Niño había destruido parte de los canales y se emprendió en su reconstrucción. Pero se impuso la acción política y la entrega del poder institucional al objetivo del aprovechamiento de las fuentes hídricas, con el PHIMA. La reconstrucción se paralizó y se perdió el contacto con los productores. Dentro del PHIMA está La Esperanza y los trasvases, así como el sistema de riego del Proyecto Carrizal-Chone. No sé por qué, pero ahora las fuerzas que no quieren el desarrollo de Manabí se atrevieron y consiguieron su viejo objetivo, gracias a un ejecutivo fuerte y dispuesto a cambiarlo todo bajo el criterio de que todo lo anterior es malo. La desaparición de la CRM en realidad significa un retroceso de cuarenta años; esa institución era un símbolo de la descentralización y resultado de una lucha colectiva. Sin la CRM se deberá iniciar nuevamente el proceso para conquistar el derecho a decidir en Manabí los temas importantes para esta provincia. Tal vez la institución se había desprestigiado, pero mejor habría sido aplicar una reingeniería (que está de moda) para eliminar lo que se considere sus defectos y optimizar sus virtudes institucionales. Como en la época del nacimiento del CRM, hay que decir que el centralismo impide al país aprovechar el enorme potencial productivo de Manabí ; y si bien consigue mantener sometido a un sector de la población manabita, en el sector mayoritario desarrolla un sentimiento de rebeldía y resentimiento que divide a los ecuatorianos. No creo que la Subsecretaría de Recursos Hídricos sea otra cosa que una dependencia ministerial, donde la presencia en Manabí no significará nada en el momento de decidir, porque sólo pesarán las razones del centro del poder.
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