Actualizado hace: 10 minutos
PORTOVIEJO
Un fatal accidente segó la vida de su amado esposo
Mayra Mendoza Muguerza

El luto de Mayra Alexandra Mendoza Muguerza, de 24 años de edad, no sólo está en su ropa, ese espacio que ella necesita para resignarse a la muerte de su esposo también lo lleva en su cuerpo y en su alma.

Lunes 14 Septiembre 2009 | 20:31

Su dolor por la pérdida del ser amado es indescriptible, razón por la que en el transcurso de este diálogo para conocer cómo vivió para contarlo, cuando ella y su cónyuge, Jean Carlos Toala Toala (25), sufrieron un accidente de tránsito, no paró de llorar. Emocionalmente Mendoza está afectada, a simple vista se puede notar que la alegría ha desaparecido de su rostro, esa pena se refleja en la pérdida de peso y en las pocas ganas que tiene para salir a la calle, según comenta. Todo empezó el 29 de mayo en la noche, cuando el esposo de Mayra la recogió en el centro comercial El Paseo Shopping, donde ella trabaja como asistente en un local comercial. El choque La pareja salió a bordo de una motocicleta. Después de llegar a su vivienda, ubicada en la calle Atahualpa y García Moreno, continuaron con su recorrido con la intención de comprar leche para su hijo, que en ese tiempo tenía siete meses de haber nacido. Sin embargo, a los pocos minutos de haber salido la muerte se les apareció en el camino. Mayra Mendoza recuerda que iba bien agarrada de su marido, cuando en la calle Pedro Gual, intersección con la Francisco Pacheco, una ambulancia del Consejo Provincial que no tenía encendida las balizas y cuyo conductor, según la denuncia, circulaba en sentido contrario, los impactó. El golpe fue mortal, la pareja quedó tendida en la calzada. Los testigos pensaron que ambos estaban muertos. Minutos después una ambulancia los trasladadó al hospital, donde confirmaron la muerte de Jean Toala, mientras que su esposa seguía con vida. Por tres días Mayra estuvo semiinconsciente, al despertar no recordaba nada, hasta que al cuarto día le llegó la peor noticia que hasta ahora ha recibido en su vida, su marido, con quien llevaba cuatro años de matrimonio, había fallecido. Razón para vivir En ese instante ella deseó estar muerta, narró que no comprendía por qué el destino la separaba del hombre que más ha amado y con quien compartió momentos felices. Aún con el suero conectado a su vena e inmovilizada con un cuello ortopédico, pidió a su madre que la llevara hasta la tumba del amor de su vida, donde lloró desconsoladamente. En ese lugar una fuerza superior la hizo comprender que si había quedado viva era por algo, Mayra Mendoza dice que sintió que la única razón de haber sobrevivido era su hijo.
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