Actualizado hace: 3 horas 53 minutos
Childerico Cevallos | E-mail: chcevallos@eldiario.com.ec
“Aunque sea de profesor”

La frase resaltó permanentemente durante un buen tiempo en el país, como sinónimo de una era nefasta de improvisaciones y de subestimaciones, de un desarrollo social relegado por el cumplimiento de compromisos políticos y personales de quienes se encontraban aupados en el poder.

Domingo 24 Mayo 2009 | 22:49

Poder que se ha ejercido de acuerdo a las necesidades de los que mandan, de sus proyectos de dominio y acciones futuras, contemplando exclusivamente las estrategias de sobrevivencia del gobierno de turno, entre ellas la formación de bases de apoyo integradas por quienes lo han servido durante las campañas. Campañas en las que el interés propio siempre ha prevalecido por sobre el común, convirtiendo al ganador en un deudor de sus seguidores, quienes les pasan factura al rato de posesionarse. Y entonces se viene el torbellino de la pasión y la presión. Presión que el triunfador resolvía dando empleo, “aunque sea de profesor”. “Aunque sea de profesor”, frase peyorativa a la grandiosa labor del postulado del magisterio que los gobiernos desnaturalizaron al ceder a conveniencias que han facilitado que a la noble misión de la enseñanza ingresaran quienes no estaban preparados para ella y también se la utilice como vía de promoción política, especialmente de extrema izquierda. Extrema izquierda a la que respeto - aunque no comparta su filosofía - porque ha sabido imponer su presencia basada en la constancia y la disciplina, fruto de una estrategia facilitada por los gobernantes que prefirieron tratos de conveniencia política relegando a una docencia con excelencia profesional. Excelencia profesional que el gobierno exige ahora a los maestros y que preocupa especialmente a quienes ingresaron al magisterio sin ser titulados pero que están buscando superar sus falencias iniciales con esfuerzo propio, diría que con éxito, porque va cambiando la situación del profesor improvisado, sabiéndose que actualmente hay una media apreciable de académicos que están mejorando ostensiblemente la calidad de la enseñanza. Calidad de la enseñanza que debe seguir en crecimiento, sin necesidad de medidas draconianas como la amenaza de lanzar a miles de maestros a la desocupación, sin reconocimiento a los 20, 30 o 45 años de servicio, como son los profesores de la vieja guardia, con experiencia aunque desconozcan los atiborrantes y rebuscados términos importados que constan en el nivel académico esperado por el gobierno. Gobierno que con su medida de shock, punitiva, coercitiva, injusta, ha escogido para inducir el pánico antes de brindar confianza y lograr responsabilidad, alejándose de los principios básicos de la enseñanza aprendizaje que demandan equilibrio y mesura en el mensaje para inyectar confianza y seguridad. ¿Evaluar? De acuerdo. Pero no con la pistola de la “meritocracia” apuntando a la cabeza.
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