Actualizado hace: 4 horas 12 minutos
Robert Cedeño Molina
Justicia indígena

La conceptualización de la justicia dentro del mundo indígena forma parte inmanente de su propia cosmovisión secular, en la que robar, mentir y ser ocioso constituye la más oprobiosa forma de mostrar la decadencia del hombre, entendido como especie.

Jueves 21 Mayo 2009 | 22:11

En esa medida, su aplicación a través de la costumbre y procedimientos establecidos para el efecto, reviste caracteres de purificación que sienta verdadero precedente con el fin que el infractor evite la reincidencia, y el resto de la sociedad refleje en el castigo un ejemplo vivo de lo que a cualquiera de sus miembros podría sucederle. Para el ordenamiento jurídico mestizo resulta inadmisible dicha práctica, porque, a su juicio, vulnera elementales garantías constitucionales que resulta atentatoria a la dignidad humana. Más allá de aquello, se encuentran las peligrosas variantes, “muy populares en estos días”, de la pira humana, la ejecución directa, el apaleamiento y otras formas de ajusticiamiento surgidas al calor de las circunstancias. Para quienes tenemos formación jurídica, lo expresado anteriormente nos conmociona y trae a discusión aspectos etiológicos relacionados con el delito. Para muchos, representa una alarma social que busca prevenir acerca de peligros mayores que podrían sobrevenir. Para otros, tal vez sea una forma desesperada de activar mecanismos de defensa de la sociedad ante un mal que perturba y amenaza. Pero en lo que todos coincidiremos es en el hecho cierto de creer que algo debemos hacer para defendernos ante tanta inseguridad reinante. Particularmente considero que todas estas formas de aplicación de “justicia”, que han proliferado en los últimos años en el Ecuador, obedece a la absoluta falta de confianza en nuestro sistema judicial. Es posible que esto no agrade a muchas personas involucradas en el tema, pero resulta apropiado establecer un mea culpa como punto de partida a la implantación de nuevo esquema jurídico que comporte, no únicamente la expedición de un nuevo código de justicia sino la parte más importante que debe aparejar todo cambio, como es la revolución de valores éticos y morales, para que todo abogado, juez o magistrado, en el difícil ejercicio de nuestras delicadas funciones actuemos apegados al derecho; pero más que eso, a principios de circunspección como rectores de nuestro comportamiento profesional y/o judicial. Por ello tenemos que entender que el verdadero alcance de la problemática no se encuentra en la promulgación de más y mejores cuerpos legales –que sin embargo siempre resultarán importantes-, sino en tener jueces y magistrados probos e incorruptibles, para quienes la presunción de inocencia no esté determinada por la posición económica del incriminado. Ciertamente que las noticias que diariamente nos traen los medios informativos respecto a linchamientos nos ponen frente al mundo como un país subsumido en atraso y barbarie; pero debe ser tarea de todos mostrarnos a la faz internacional, y a nosotros mismos, que sí somos capaces de aprender de los errores y levantarnos del cieno hasta alcanzar grandes objetivos, como sociedad y como Estado. "Demostrarnos que sí somos capaces de aprender de los errores"
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