Actualizado hace: 42 minutos
Alfredo R. Cedeño Delgado
Las calles de Portoviejo: La 18 de Octubre

Quizás vaya haciéndose necesario revisar la historia en torno al 18 de Octubre de 1820 para establecer la exacta dimensión del hecho y tratar de ubicarla en el justo contexto.

Viernes 15 Mayo 2009 | 21:21

¿Hubo en esa fecha en Portoviejo, una revuelta, alguna agitación, luchas o alguna inconformidad social que hable de una insurrección organizada? No, no la hubo. Es claro que lo que ha sobrevivido no son recuerdos de una gesta sino, una carta fraterna y amiga del presbítero Manuel de Rivadeneira, Párroco de Portoviejo al Gobernador del Guayas recién asumido, Don José Joaquín de Olmedo, en donde le dice que “extraoficialmente” se ha conocido de la liberación de Guayaquil del yugo español, y que es un “quiteño oprimido que ha padecido por todo este espacio de tiempo, persecuciones, injurias y calumnias de algunos crueles enemigos y bárbaros habitantes de éstas montañas que no han omitido diligencia alguna a fin de perderle”. En otro párrafo la carta dice “Hallábase de Teniente Interino, por ausencia del propietario, don Andrés de Vera, natural y vecino de ésta ciudad, hombre sencillo y de buenas intenciones, y yo, procurando la paz universal como párroco y Ministro de Cristo, he aconsejado que todos manifiesten alegría y den gracias al Omnipotente Dios por tan grande beneficio; para que nadie se perjudique y que continúe mandando dicho Vera, hasta que de esa capital vengan órdenes….”. Hasta aquí la misiva. El año siguiente Portoviejo organizó fuerzas militares para respaldar la decisión bolivariana de que Guayaquil pertenezca a la Colombia, y Sucre, ya dominado Guayaquil, envió a su asistente, el general Borrero, para calmar a Portoviejo. Es evidente que no hubo adhesiones mayoritarias a los sueños independentistas de Guayaquil en nuestra ciudad. Noventa y ocho años pasaron y los portovejenses nunca celebraron 18 de octubre alguno, porque el suceso no tuvo repercusión alguna en la población y ni siquiera se la recordaba. En 1915, el gran historiador bahieño, Temístocles Estrada, encontró en los archivos de la Gobernación del Guayas la carta del cura Ribadeneira. El “curita quiteño oprimido por los bárbaros montañeses portovejenses” y el municipio de la época, presidido por don Ernesto Vera Cedeño, decide festejar lo que se empezó a llamar “Acta de pronunciamiento y Adhesión” y las primeras fiestas octubrinas se celebran en 1916. Durante tres días seguidos se exalta tan “glorioso y Fausto acontecimiento”, como reza el programa de la época. Uno de los momentos culminantes de la celebración es el cambio de nombre de la calle llamada “Libertad” a “18 de Octubre”. Yo creo, y puedo disentir con muchos, que la carta no es un acta, que el suceso fue tan mínimo e intrascendente que los cogeneracionales de Ribadeneira no conmemoraron nada. Y fue casi un siglo después que empezó a celebrarse; que don Andrés de Vera, teniente gobernador, había sido nombrado por las autoridades de la Audiencia de Quito y pudo seguir en el puesto, porque la derrota de los españoles, real y verdadera, la única y auténtica, la ejecutaron con sangre, pasión, heroísmo y un patriotismo que emociona. En esa gesta participaron fuerzas portovejenses. Formados aquí en 1821, “los decididos de Portoviejo”, unos 200 hombres, más o menos, se integraron a las fuerzas de Sucre en Samborondón y ascendieron hasta las glorias del Pichincha; y es ese recuerdo histórico el que debe evocarse cuando se hable de independencia de Portoviejo.
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