Actualizado hace: 15 minutos
Jorge Bello M.
El mensajero

La estrategia gubernamental consiste en enfrentar a los medios de comunicación y los comunicadores como parte de la legitimación de un discurso antipoder fáctico que a su turno tocó y toca los partidos políticos, las iglesias, la banca, las cámaras, los sindicatos, el congreso, las cortes, los militares, la policía. Es eso una estrategia y no una bravuconada como parece

Viernes 15 Mayo 2009 | 21:19

Busca, a través de ella, desprestigiar, controlar, manejar, influenciar e intimidar: variables de la tesis de los tiranos antiguos que a toda costa intentaban desaparecer al mensajero para acabar el mensaje. Ahora se asusta y controla a los mensajeros; y de yapa se direcciona el mensaje. El objetivo gubernamental para lograr un posicionamiento de valiente justiciero y, paradójicamente, todopoderoso antipoder, terminó siendo efectivo para gran parte de la población. En unos casos consiguió adeptos, admiradores y hasta obsecuentes enceguecidos; en otros sectores genera miedos, desconfianzas o pánico. En la práctica: un poder igual al viejo poder. Cambian los nombres. Manipulador, personalista, pendenciero, nocivo. Poder casi omnímodo que no admite disentimiento, critica, oposición; ni siquiera sospecha. La duda, razonable o no, se ha elevado a la categoría de sedición o a la dictatorial figura de desacato, que aún persiste en nuestras leyes como muestra irrefutable del poco avance democrático real. Si sospechas conspiras y si conspiras mueres. Ante todo aquello, el comunicador debe estar plenamente consciente de sus funciones, riesgos; y, sobre todo, de sus responsabilidades. Si no, sucumbe, fracasa y se convierte en presa fácil de la descalificación o la sumisión. Variantes de la muerte del mensajero. El comunicador está obligado a elevar el nivel de su acción, entendimiento, análisis y discusión; entendiendo el momento social que se vive. Es imprescindible evaluarse y mejorar. Se debe pasar la etapa primitiva del encame, la provocación, el acomodo, la presión, la distorsión, la extorsión, la irresponsabilidad, la tiranía, el grito o la prepotencia. Ser el mensajero no es ser dueño del mensaje, aunque lo cuides como tal. Debemos superar el famoso dicen que dicen …como sugerimos hace algún tiempo. Todos hemos escuchado a comunicadores diciéndonos que nos entrega el mensaje que les da la “regalada” gana o, por último, que aquí en la radio, la televisión, periódico o revista “mando yo”; y se hace, otra vez, lo que me da la gana. ¿Por qué? Hace días, en un sintonizado programa radial decía quien funge de director: “ … el mal de Chagas consiste en que unos chinchorros te chupan la sangre y provocan unas ulceraciones dolorosísimas en la piel…” . Luego no se aclaró, ni pidió disculpas del tamaño disparate. Medios que se sienten aludidos, por alguna critica, intentan descalificar al mensajero para acabar con el mensaje. ¡Qué ironía!
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