Actualizado hace: 3 horas 44 minutos
Gilberto Crespo Crespo
La propagación del SIDA

No hay día en que el mundo no se vea sorprendido con la propagación del Sida que hoy por hoy está de moda, y que ha hecho presa dicha enfermedad del dolor y soledad en miles de personas; una nueva forma de extinción de nuestra sociedad parece que se lleva a cabo al culminar el siglo, este siglo lleno de presagios funestos y sobre esta década que ha sido de dolor y de angustia entre los pueblos del mundo.

Jueves 07 Mayo 2009 | 21:12

Es que el Sida viendo su faceta de dolor y de miseria, parece la mejor manera de atacar a los “hombres” dedicados al placer y al vicio, ese vicio de la ofensa a la dignidad de la mujer, y ese machismo que no perdona a nadie, no cabe otra pregunta cuando sabemos por la ciencia médica que la terrible enfermedad antes de llevarlo sepulcro, lo primero que hace es lograr la pérdida de las defensas que todo cuerpo humano tiene, como maravillosa perfección de la máquina humana. En los Estados Unidos, en lo que va del año, de fuentes dignas de todo crédito en cada familia hay un “candidato” en potencia a adquirirla, es decir el hogar de antaño digno y respetable se ha perdido entre las nubes del alcohol, la orgía del sexo y el abandono del cual son víctimas los jóvenes de nuestra época. Por otro lado, qué puede esperarse de nuestros hijos si son los testigos permanentes de nuestros arrebatos, de nuestras orgías y como si fuese poco con el hogar que hoy por hoy se encuentra destrozado en su misma base. El recato, el honor, la dignidad, son ya virtudes pasadas de moda quien se atreva a hablar de aquello pasa o como tonto, o como moralista del último cuño, sin entender que sin las bases morales no hay ser en el mundo que pueda caminar, no hay, no habrá fortuna en el mundo que compre la dignidad, el honor, y la fe en los valores sustanciales de nuestra sociedad, de esta sociedad de consumo, distraída y fatua que se ha olvidado del ser para reemplazarlo con el dinero, con la corrupción, con la basura mental. El Sida parece que ha puesto coto a tanta corrupción, Dios lo quiera, aunque hay otra clase de enfermos más peligrosos de quienes debemos preocuparnos. Los enfermos del alma, los que odian y maldicen su suerte, lo que envidian y causan daño al honor ajeno, los “caciques”, los indolentes, los que poco saben del dolor y ansiedad ajena. Aunque pudiésemos estar –gritando- en el desierto, no es menos cierto que algo debemos hacer por los demás… por lo menos inculcarles a nuestros hijos el peligro de la relación con otra persona cuando las condiciones no se prestan. No es cuestión de repetir la moraleja, del batracio, “que me importa que sea feo” nos importa el sentido común, la lógica y los hábitos formales de vida, la alegría del hogar, y el consumo de nuestras propias energías. No caigamos en el oportunismo, en la simple novelería, no busquemos “amor” donde no hay sino interés y nada más.
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