Actualizado hace: 3 horas 36 minutos
Luis Herrería Bonnet
Los retoques gobiernistas
Luis Herrería Bonnet

Se convirtió en una constante la forma inescrupulosa con que han venido actuando los epígonos de Correa en sus actos de administración pública.

Sábado 02 Mayo 2009 | 19:42

De manera que no puede concitar a sorpresa que se ventilen resultados electorales con los que hasta podrían vencer pero nunca convencer. La solución de una duda es el descubrimiento de la verdad, decía Aristóteles. Y nunca en la historia republicana, gobierno alguno ha despertado tantas dudas como el actual. ¿Quién podría sentir extrañeza que el correísmo haya alterado, adulterado, manoseado, distorsionado los elementos y los momentos que hacen relación con el proceso electoral del Domingo 26, en donde no solo corrían el riesgo de perder los cargos en disputa, sino que estaban desesperados porque de suceder así, la temida fiscalización les caería encima a aquellos codiciosos y obsesos que nunca pensaron en gobernar, sino en llenar egos insatisfechos y faltriqueras vacías? No podemos asegurar cuál será el resultado, pero la duda es pertinente ya que el proceso está en manos de serviles del gobierno, por lo que nada tiene de extraño que expertos en quiromancia hayan logrado aumentar o disminuir los votos en un proceso vicioso, aupado por un sumiso Consejo Electoral, la actitud blandengue de observadores internacionales y el apoyo de unos cuantos avaros que se graduaron de chimbadores. De prosperar esta asquerosa probabilidad de elecciones fraudulentas, el futuro será insoportable para el pueblo ecuatoriano. Ya lo ha mencionado la CEPAL, que nuestro país tendrá un crecimiento del PIB. en 2.009 del 0%; a lo que se agrega la baja en la producción y el precio del principal rubro de exportación que es el petróleo; las enemistades creadas por soberanas incapacidades con los organismos internacionales de crédito y la perseverancia con una obstinada e idiota concepción de lo que es el mundo globalizado, todo lo cual llevará al Ecuador a un desastre tan aterrador, que haría palidecer a la oscura realidad en que vive un país como Haití. Con mañas grotescas que superan a lo que ocurrió en un pretérito de ignominia y que motivó la revolución del 28 de Mayo de l.944, no es posible que a fuer del estribillo de “la revolución ciudadana” se tuerza la voluntad popular a efecto de implantar descaradamente una autocracia, que a la luz de la razón ya está recibiendo el rechazo ciudadano. No se puede consentir a nadie, por más iluminado que falsamente se promocione, destruya no solo la institucionalidad, sino también las normas de conducta que imperan en los países civilizados, ya que la paciencia de los pueblos tiene un límite y las desmedidas ambiciones tienen como contrapartida la reacción de un pueblo que no permitirá nada que ponga a la patria al borde de una lucha fratricida.
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