Actualizado hace: 1 hora 39 minutos
Alejandra Orellana Guillén
Alegro ya es de todos

Cuando estaba en la universidad, el profesor de economía hizo la siguiente reflexión: “el público ecuatoriano es el que toda empresa desearía tener, por la sencilla razón de que no reclama cuando algo está mal”.

Viernes 01 Mayo 2009 | 20:41

En ese momento me sentí identificada con sus palabras, porque son incontables las veces en que esas situaciones se repiten. Entre los compañeros de clase empezaron las risas cuando citábamos algunos ejemplos: nos sirven la comida fría en un restaurante e igual la consumimos, nos entregan un artículo que no está en perfecto estado e igual pagamos por él, compramos algo de mala calidad y no exigimos la garantía. Esto sucede muy a menudo. Tan a menudo que apenas este sábado, me sucedió algo similar. Eran las 4:05 p.m. cuando recibí un mensaje a mi celular de la Compañía Alegro con frases clásicas de nuestro presidente Correa. Lo primero que me pregunté es ¿cuándo le di mi número de teléfono al Presidente? No recordé haberlo hecho, tampoco recordé haber solicitado o autorizado a Alegro para que me envíen información política. Después recordé ¿Los cierres de campaña no fueron el día jueves? Entonces ¿por qué sigo siendo acosada con propaganda electoral? Y después pensé -hoy no seré el público perfecto-. Decidí averiguar por orden de quién recibí el mensaje mencionado. Llamé a Alegro y un agente de servicio al cliente me dijo que ellos no fueron los causantes; que el mensaje fue enviado desde una página web, y que lo recibieron aleatoriamente usuarios de todas las telefónicas del país. Sin embargo, consulté con todos mis allegados y las únicas personas que lo recibimos curiosamente pertenecemos a Alegro. Ante mi insistencia, el agente me comentó que la empresa está realizando las respectivas averiguaciones para dar con él o los responsables del hecho. Con una campaña electoral asfixiante por parte del Movimiento País, que se ha valido de todos los recursos públicos que han estado a su alcance, no resultaría extraño haber utilizado la vía del teléfono “personal” para llegar con alguno de sus tentáculos al espacio privado de los ecuatorianos. Aparentemente es sólo un simple y corto mensaje pero detrás de este detalle está la violación de nuestro derecho a elegir, puesto que provoca que nos sintamos agredidos, vulnerables e irrespetados en nuestro espacio íntimo. Durante el período de campaña los candidatos en contienda presentaron al país un conjunto de vías de publicidad: internet, televisión, radio, trípticos, pancartas, visitas, tarimas, shows, inclusive llamadas a los domicilios. Todas y cada una de estas vías, aunque en algunos casos fastidiosos, no perdieron su condición de ser “alternativas”; es decir, que podían ser tomadas o rechazadas por los individuos. Es decisión de cada persona cambiar de canal, bajar el volumen, no aceptar una invitación de adhesión en facebook o no asistir a un cierre de campaña; no obstante no es opción dejar de recibir un mensaje de texto, y peor aún dejar de leerlo cuando el emisor se esconde detrás de un código.
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