Actualizado hace: 7 minutos
Francisco Arias Solis e-mail: aarias@arrakis.es
Una democracia cada vez más precaria

Este último año se ha caracterizado porque en él la política, a diferencia de lo que ocurrió hace algunos años, sigue declinando casi constantemente. Hasta el extremo de que la política ha sido reemplazada por el "politicismo", que es más bien lo contrario de la política: su exacerbación, su "inflamación", su infección. Un órgano inflamado no es un buen órgano, deja de cumplir su función, y con frecuencia hay que extirparlo.

Lunes 27 Abril 2009 | 22:19

Esa declinación de la política ha presentado dos formas bien distintas, casi opuestas. La primera ha sido su "atenuación", su debilitación, la desaparición de todo lo que no sea una función meramente administrativa. Esto ha llevado a cierta nivelación de los partidos, a la pérdida de la personalidad de algunos de ellos, de manera que se hace difícil apostar por los mismos. La otra forma de decadencia de la política es su eliminación, supresión o aplastamiento. Donde una fuerza -que no tiene por qué ser estrictamente política, que con frecuencia no lo es- se impone por un procedimiento o por otro y suprime el juego de opiniones y presiones en que la política consiste, ésta desaparece de la escena. ¿Qué queda en lugar suyo? Por lo pronto un vacío. Pero si la naturaleza lo aborrece, la sociedad no menos, y pronto es llenado por otras cosas. ¿Cuáles? Creo que es urgente llegar a la claridad sobre ello, porque es una de las claves de lo que no está pasando y, sobre todo, de lo que nos va a pasar. Pues bien, esta situación ha hecho que la sensibilidad para la política descienda. Esta es la gran peripecia que acaba de sobrevenirle a la democracia, ante nuestras miradas distraídas. Si no somos capaces de introducir innovaciones políticas de mayor cuantía nuestra democracia será cada vez más precaria. Pero al parecer a algunos de nuestros gobernantes ya no les interesa la democracia, sino solo el uso -se entiende, el abuso- de su nombre. ¿Será que han fracasado los países democráticos, los que se han mantenido fieles a la interpretación democrática de la convivencia política? Parece más bien lo contrario: si recordamos lo que ha ocurrido en el mundo en el último cuarto de siglo, encontramos que los únicos países que no han padecido desastres, guerras civiles, persecuciones, esclavitud, son justamente los que no han abandonado -en una u otra forma- el torso de la convicción democrática. Son los países que no han dejado de ser libres, prósperos, vivideros. Los que no necesitan cerrarse y convertirse en gigantescas jaulas, porque no temen quedarse vacíos si tienen sus puertas abiertas. Aquellos adonde piensan irse los que se quieren marchar de donde están. Por todo ello, al tiempo que mantengo la hipótesis de la decadencia política y la de la precariedad de nuestra democracia, he de decir algo muy modesto y sencillo, pero de largas consecuencias: los países democráticos son los que menos han fracasado en este mundo.
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