Actualizado hace: 5 minutos
Luis Herrería Bonnet
Educación democrática

Si son transparentes las elecciones del Domingo 26, no solo contribuirán a la libertad del pueblo, sino también a su educación, ya que, cuando se conducen las campañas electorales con seriedad y tino, sus efectos educativos sobre los electores son incalculables. Esto no significa, precisamente, que las campañas se desarrollen siempre como deberían (“gracias” a un Consejo Nacional servil), ni todos los que participan en ellas lo hagan con elevación de miras (la obsesión del poder deriva en personalismos), ni que las cuestiones se expongan con honestidad y se discutan con verdaderas pruebas y con lógica (el déspota y sus adláteres se mofan de las más elementales normas legales y éticas).

Sábado 25 Abril 2009 | 20:58

En realidad, lo frecuente es que las elecciones en el Ecuador, especialmente las realizadas dentro del correísmo, constituyen un motivo de desilusión más que de entusiasmo y orgullo. Pero hasta el lado objetable –las posturas hipócritas, las verdades a medias, las falsas promesas, la publicidad tendenciosa, etc. –puede enseñar algo a quienes están dispuestos a sacar provecho de los errores. Es así que tiene permanente vigencia la idea expresada por Abraham Lincoln: “Se puede engañar a una parte del pueblo durante mucho tiempo, y a todo el pueblo durante algún tiempo; pero no se puede engañar al pueblo siempre”. El proceso democrático es inclemente al desenmascarar demagogos, hipócritas e ineptos. La mayor parte del pueblo elector no es estúpida. A menudo logra detectar los fraudes y ver a través de las cortinas de humo. Más temprano que tarde, los hombres vacíos se descubren y los fraudes tienen los efectos de los bumeranes. La prueba suprema para un político no está en lo que manifiesta en sus campañas proselitistas, sino en la obra de gobierno que luego realiza. Cuando un hombre enfrenta una reelección, necesariamente se le exige una trayectoria por la cual habrá de ser juzgado. Las responsabilidades de un gobierno moderno y serio resultan inexorables, siendo normal que los opositores no descansen en sus críticas. Como consecuencia de ello, puede ser que el público a veces se torne escéptico, pero si estamos en tránsito a una democracia madura, la mayor parte de los ciudadanos llega a adquirir un fino sentido de la realidad y de las conveniencias socio-económicas. Los dispositivos por medio de los cuales elegimos a quienes han de gobernarnos y les confiamos el desempeño de determinadas funciones durante un período determinado, resultan beneficiosos cuando al pueblo se le brinda, sin ambages, la oportunidad de evaluar las alternativas programáticas cuyas direcciones generales impliquen una continuidad o un cambio de la política gubernamental en la misma o en otra dirección. Estas elecciones serán el medio para medir nuestra educación democrática.
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