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Dos parejas de esposos salieron adelante después de que ellos quedaran paralíticos

Martes 10 Septiembre 2019 | 14:20

Las palabras sobran. Con un beso, un abrazo y unas cuantas lágrimas, Kléver le demuestra a su esposa, Verónica Zambrano, que está feliz porque la luz al final del túnel ha llegado.

Hace 22 años decidieron unir sus vidas.
Todo marchaba bien, pero tres años después Kléver Cevallos se vio envuelto en una balacera y un disparo se coló en su columna, dejándolo paralítico.
Verónica tenía entonces 18 años y ya un niño de tres. Fue cuando le tocó hacerse responsable del hogar.
Para Kléver, acostumbrado a que las fiestas comenzaran viernes y terminaran lunes, quedar en silla de ruedas fue un golpe duro. 
Un año y medio no salió de casa. Y en todo ese tiempo su esposa fue su cuidadora. 
Un trabajo en una fábrica procesadora de pescado fue su sustento por un año, pero no era eso lo que buscaba: había que emprender. Instaló un local para venta de CD.
Su esposa sabía que no podía quedarse de brazos cruzados. Con 150 dólares fue a Guayaquil a hacer un curso de maquillaje. Ese sería el despunte.
Después de trabajar unos meses en un lugar de maquillaje en Manta, decidió abrir su propio negocio en La Pradera. Hace cuatro años, en un pequeño corredor que había en su casa, empezó dando clases a tres alumnas. Ahora son entre 60 y 70 por módulo.
>Un accidente. A Mauricio Montes y a Érica les pasó algo similar, quizá peor.
En este caso no fue una bala, sino un accidente de tránsito que los dejó sin nada.
Allá por el 2009, cuando apenas tenían unos cuatro años de casados y un hijo de tres, viajaban a Quito en el auto de unos amigos.
Cerca a Chone se realizaban reconstrucciones de vías, lo que pudo haber ocasionado un accidente del que Mauricio fue el más afectado: perdió la movilidad del abdomen hacia abajo.
Hasta entonces ellos tenían un negocio de chuzos por la Plaza Cívica, y Mauricio trabajaba además en una empresa que brinda servicio de taxis.
Empezaron a hacer figuras y a venderlas como recuerdos. Hasta que una vez alguien le pidió a Mauricio que le hiciera una torta falsa. Primero la alquiló, pero después esa misma persona se la terminó comprando porque la quería como exhibición.
Entonces vieron que ahí estaba el negocio para empezar otra vez. 
Conozca más en nuestra edición impresa de hoy 10-09-2019.