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Hijo de Mamá
Por: Freddy Solórzano

Martes 03 Septiembre 2019 | 11:00

 Ecuador le queda pequeño. Sus 320 libras no caben en este país que es poca cosa para alguien como él, que se nacionalizó estadounidense, se atraganta de comida chatarra, es un comprador compulsivo y tiene un ego del tamaño de su barriga. Poco queda del muchacho que se embarcó por primera vez a un avión, arrastrando su cuerpo de alfiler, rumbo a los Estados Unidos en busca del sueño americano. Trabajó limpiando inodoros y escondiéndose para no ser deportado. Lloraba por las noches porque extrañaba la comida de mamá, las tardes conversando con los amigos y los domingos en el estadio o en la playa. Estuvo a punto de hacer maletas y regresar a Ecuador, pero conoció a una panameña y logró cama, dama y chocolate. Llama por teléfono una vez al mes a sus padres.

–¿Cuándo vienes, mijo? –le volvió a preguntar su mamá, quien no lo ve desde que se marchó, hace 22 años.
–Mamá, ya le he dicho que yo a Ecuador no iré nunca. Ese país es feo y no me gusta.  
La mamá apenas entiende qué dice su hijo, porque mientras habla se llena la boca con un pedazo de pizza. Poco queda del muchacho que crió. Este es otro.