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Las ostras de 0
Por: Yuliana Marcillo

Sábado 06 Julio 2019 | 11:00

“El plato traía doce, pero obedecí ciegamente la recomendación.

 Un día mi marisquero favorito me dijo que la receta para aumentar la libido era comerse diez ostras. Me hizo apostar, me pidió que lo compruebe y que, si no funcionaba, regresara al siguiente día para recoger mi premio. No tuve opción. Tiene una relación fabulosa con sus clientes y a él le encanta apostar. Creo que todo mundo lo ama, es un tipo especial, de esos que te hacen sonreír sin mucho esfuerzo. Me escapé del trabajo y me fui al restaurante de playa. Dos cervezas y diez ostras a la panza. El plato traía doce, pero obedecí ciegamente la recomendación. Dicen lo mismo del borojó, del aguacate y del chocolate. Esperé. Pedí otra cerveza. Luego otra, una más y después a casa. Pensé en tener sexo, pero me quedé dormida en el mueble de la sala. Fui a la semana siguiente y le dije que no había pasado nada, que sus ostras son un fracaso. Me llamó «mujer de poca fe», mientras reclamaba ¿victoriosa? el premio de la apuesta. Adivinen qué me dio: 20 ostras brillosas, húmedas, desbordando en jugos, como lenguas al nacer.