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La feria
Por: Yuliana Marcillo

Sábado 03 Noviembre 2018 | 11:00

Hay mujeres. Hay mujeres en zapatillas, con niños en brazos, con pequeñas fundas y grandes sonrisas. Hay comida barata, comida en el suelo, comida en la ropa, en los juegos infantiles, en los zapatos, en las carteras. El ruido proviene desde las entrañas, por el hambre, por la pobreza, la necesidad de adquirir, de subir a nuestros niños a los caballitos, de comprarles un recuerdo y, luego, quizá pizza. Ruido del que vende y del que compra, del que estafa y del que negocia, del discomóvil que parece estallar, de la euforia de ver a la ciudad desde las alturas. Hay polvo y días sin dormir. También hay sueños, gente que trabaja día y noche, comerciantes itinerantes que se ganan la vida de pueblo en pueblo. Las ferias tienen un aire de pasado, de añoranza, de fantasía. No transitarlas es no reconocerse. Yo, por ejemplo, soy fanática del juego de la escopeta: si le das a algún premio (dulces, galletas, chupetes) de los que están pegados en la pared, te lo llevas. Siempre le atino a uno o dos. Voy cada año y cada año le apuesto al rifle. Siempre gano.