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La doctora Carmen

Mantense recibe Doctorado Honoris causa de parte de la academia mundial de ciencias humanas.

Jueves 11 Octubre 2018 | 11:00

Carmen Julia Reyes pensó alguna vez que el único que podía recibir doctorados honoris causa era Rafael Correa.

En realidad el expresidente tiene 18 de esos reconocimientos, y Carmen Julia va por el primero. 
Se lo entregó la Academia Mundial de las Ciencias Humanas, y asegura que es la primera moradora de la zona rural de Manta que recibe un título de estos.  
Un doctorado honoris causa lo entrega una universidad a personas que han destacado en ciertos ámbitos profesionales y que no son necesariamente licenciados en una determinada carrera.  
A Carmen Julia se lo dieron  por la labor social realizada en la parroquia San Lorenzo, específicamente en el sitio Ligüiqui. Allí ayuda a los ancianos, a los niños; promociona su pueblo en los viajes que hace; como dirigente gestionó la pavimentación de una calle de acceso al sector, e impulsa el turismo. 
Pero también le entregaron el honoris causa por su historia de superación, un ejemplo, según los organizadores, para otras generaciones. 
Es que Carmen Julia es de esas personas que para estudiar en la escuela –esto hace más de 30 años– debía levantarse a las cinco de la mañana y caminar por la playa desde Ligüiqui hasta San Lorenzo, donde estaba el plantel. 
Además, si para su mala suerte había marea alta, ese día no iba a clases, porque carreteras no había. 
Luego, durante la secundaria, el asunto no cambió mucho, es más, empeoró un poco. 
El colegio quedaba en Santa Marianita, y el único carro que cubría esa ruta salía desde el sector Las Piñas cargado de café. 
El problema es que el carro pasaba a las dos de la mañana por el puente La Trinchera de Ligüiqui. 
A esa hora Carmen Julia debía estar lista para subirse, casi al vuelo, y viajar encima de los sacos de café. 
El viaje solía durar hasta dos horas, porque antes no había caminos, sino trochas construidas por humanos, que cuando llovía eran imposibles de recorrer. 
 
Su viaje a Manta.  Carmen estudió hasta tercer año en el colegio de Santa Marianita, porque hasta ese año nomás había allí, y luego viajó a Manta y terminó su secundaria en el colegio Mar Territorial.
En Manta vivió en la casa de una tía. Empezó a trabajar de día y a estudiar de noche. Esa fue la única forma de costear su educación, luego ingresó a la universidad y trajo a sus hermanas para que también estudiaran en el colegio. 
Carmen las representó como madre. En ese tiempo fue Reina de San Lorenzo, luego se graduó de ingeniera comercial, fue profesora de la universidad hasta el 2016, le gustó la dirigencia barrial, ayudó a la gente y aquí está ahora Carmen Julia, sentada en la sala de su casa: muebles de bambú, repisas, cercos del patio, vigas del techo, todo de bambú. 
Carmen tiene 43 años, los ojos achinados, como algunos de los habitantes de la zona rural; el cabello negro, como cualquier otra mujer; es bajita, encogida de hombros. Incluso en una foto donde está recibiendo el diploma parece que estuviera agachada, pero no, simplemente está en su postura, así es ella. 
“Todo empezó hace unos meses. Me llamaron de la academia, pero yo tenía mis dudas, me dijeron que enviara mi hoja de vida para recibir el doctorado y así lo hice”, cuenta Carmen, y confiesa que hasta ahora no termina de creérselo, porque no sabe cómo dieron con ella ni quién les contó que existía. 
“Después me volvieron a llamar y dijeron que debía viajar a Quito para la ceremonia. Allí fue cuando me di cuenta de que la cosa era seria, averigüé en internet y vi que era cierto; aun así se me hacía complicado entenderlo”. 
Carmen recibió el reconocimiento en un evento pomposo, champán, aplausos, piso alfombrado y todas esas normas de protocolo que no eran ajenas para ella, pero que le hicieron recordar que todo de lo que ella tenía dudas era cierto.  
“Siempre me ha gustado hacer labor social, pero todo en perfil bajo, y creo que esto es una recompensa de la vida”, dice y sonríe. Está feliz, orgullosa, y eso se nota. 
Carmen tiene un hijo y un esposo que también están orgullosos de tener a su lado a una mujer con un doctorado honoris causa. 
Una habitante de un pueblito pequeño llamado Ligüiqui, de casitas de colores  y una sola carretera principal que lleva a una playa hermosa ubicada al pie de una loma, donde la gente se dedica a la pesca y agricultura y donde Carmen trata de hacerle honor a su causa.