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Segunda Mercedes
Por: Byron Delgado

Viernes 07 Septiembre 2018 | 04:00

Cuando vivía con Segunda Mercedes Cano me sentía protegido, esta mujer era increíble.

Se desvivía por mí. Recuerdo que en las mañanas me vestía, me peinaba con una raya a los lados y encendía una televisión a blanco y negro para ver una serie de dibujos animada llamado “Marcos”. Una vez terminado ese programa, me escapaba con mi primo Genaro; él vendía en un canasto bolos y hielos. Así que recorríamos algunos barrios de la parroquia Eloy Alfaro. Es que en 1980 la mayoría de las personas no tenían neveras. 

Segunda Mercedes al mediodía me buscaba, era hora del almuerzo. El sudor rodaba por sus mejillas rojas debido al sol incandescente: aparecía como un fantasma donde yo estuviese. Me observaba de pies a cabeza, yo sin zapatos y sin camisa. Entonces me tomaba de la mano y me llevaba a casa. Nunca me puso una mano encima y eso que le di motivos. El corazón de Segunda Mercedes era inmenso, crió a sus 16 hijos y varios de sus nietos. 
No hay en la vida cómplices más hermosas que nuestras abuelas.