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Personaje
Tiene 91 años, dos novias y no usa 'pastillitas'

Lizardo C. tiene un montón de años encima, pero ninguno de ellos pasó en vano por su vida; a todos les “sacó el jugo”.

Sábado 11 Agosto 2018 | 10:57

Sentado en el portal cubierto de la casa de uno de sus hijos, bajo un sombrero de ala corta, don Lizardo luce un contraste sobre su piel: el cabello y los bigotes parecen de un adolescente, pero los vellos de sus brazos y de su pecho son de un blanco inmaculado.

Nacido en 1927, recuerda que se comprometió a los 15 años en Pimpiguasí y que hace diez enviudó.
Desde entonces, su vida cambió. 
Su cuerpo, acostumbrado a largas faenas de placer, entre camas destendidas, no se resignó a la soledad de la viudez y el hombre buscó compañía.
“Yo he sido bien bandido, bien ....”, confiesa en tanto sonríe con picardía.
Producto de esas andanzas amorosas que no dejaron títere con cabeza, hace dos años lo operaron de la próstata y, según él, lo dejaron como nuevo, “papelito” . Tanto así que, a sus 91 años, se da el lujo de atender a dos “cincuentonas”.
“Las visito regularmente, una vez a la semana. A las dos las atiendo como debe ser”, dice don Lizardo, quien asegura que nunca ha usado nada para tener una exitosa relación sexual, ni siquiera productos naturales como el maní, el aguacate o el borojó, solo lo que el cuerpo rinde.
“Una vez un doctor me recetó una pastilla para que rindiera más, pero no me la tomé; la llevé donde otro doctor amigo y me dijo que, si me la tomaba, podía hasta morirme”, añade.
Tampoco usa la pastilla azul para la impotencia.
Lo que sí no ha descuidado es la alimentación. En su dieta nunca han faltado el huevo, la leche pura, el buen plátano y la yuca. Todo esto, según don Lizardo, le permite darse un par de “colchonazos” a la semana, no más “porque no se puede abusar”.
Mientras revive momentos amatorios, asegura que “yo no me embarco por embarcarme, primero saboreo y después viene el empuje final”, comenta con evidente gozo.
Es muy usual que, a cierta hora del día, se desaparezca. 
Sus familiares no se preocupan porque saben que don Lizardo no está perdido, sino que anda en las casas de sus novias.