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Personaje
El poeta que cambia libros por tomates

El 23 de agosto en el Museo de Portoviejo se rendirá un homenaje a Carlos Ardila por sus 50 años de quehacer poético.

Martes 31 Julio 2018 | 10:19

Medio siglo de noviazgo con las musas debería ser motivo de satisfacción, pero el poeta no lo considera así en tanto en cuanto lo suyo ha sido un constante batallar con múltiples necesidades, ya que no ha encontrado apoyo de ninguna autoridad, excepto ciertos medios de prensa.

Trueque vital.  Aunque asegura que vive “del alba y de los amaneceres”, a veces, a tanto llega su desamparo económico que, cuando no tiene para comer, agarra un lote de libros y se va al mercado, no a recitar poemas, sino a intercambiarlos según la libre oferta y la demanda.
“Cuando tengo hambre y no he logrado vender un libro, los cambio por pescado, verduras, tomates, carne, frutas”, cuenta Ardila, ferviente admirador de la métrica de Vicente Amador Flor y de Amado Nervo, aquel mexicano de “La amada inmóvil”.
Sentado en una silla del museo, Ardila no se avergüenza de su proceder y narra que puede ser capaz de arrancar las páginas de sus libros para comérselos en un caso de extrema necesidad. 
“Estoy seguro de que eso me calmará el hambre”, confirma este hombre que, en un caso sui géneris, solo vive de lo que escribe.
Gracias a esto ha podido viajar a otros países y recorrer medio país, siempre ofreciendo sus libros, por los cuales invierte cerca de 1.500 dólares al año por cada impresión de 1.500 libros, a razón de 1 dólar por ejemplar, siempre en imprentas de poca monta.
“Generalmente viajo en cooperativa hasta Guayaquil, Quito u otras provincias en donde mi arte pueda ser apreciado”, señala este versificador que empezó su andadura literaria en 1981, cuando publicó “Nueva poesía manabita”, siempre con el tema del amor de por medio.
Lo que sea. Sus cuadernos poéticos, tal como las papas, los fréjoles o plátanos, nunca tienen precio fijo. Él acepta lo que buenamente le den sus compradores. A veces es una moneda, a veces dos y, a veces, solo un “está bonito el libro, pero ando chiro”.
A pesar de los pesares, este portovejense no se decepciona y está preparando una antología que titulará “50 años de amor y de poesía”, libro del cual aún no tiene el precio, pero que, por tratarse de una compilación de toda una vida, quizás pueda venderlo por mucho más que una libra de longaniza. O de papas.