Actualizado hace: 10 horas 57 minutos
Estupor
Por: Yuliana Marcillo

Sábado 10 Marzo 2018 | 11:00

El Día de la Mujer, como todos los días, me embarqué en un viaje de hora y media para dirigirme a mi nuevo lugar de trabajo. Amanecí de mal humor: ya no tengo tiempo para correr, y eso realmente me molesta. Iba en el bus leyendo “Sexografías” de la peruana Gabriela Wiener. Lo mejor de ese largo recorrido es avanzar en mis libros pendientes. La barriga prominente de un señor interrumpió mi lectura. Sentía la presión de su barriga en mi brazo. Comencé a inquietarme; desde que viví en Quito me quedé traumada con el acoso sexual en los buses, con apenas un roce estoy más que alerta para defenderme. Dejé de leer, cerré el libro de sopetón. Miré de reojo su parte baja para cerciorarme de que todo estaba bien. El bus estaba a reventar. Me sentí mal por tener miedo a estar equivocada, por predisponerme al acoso, por angustiarme, por reconocer en mí el chip imaginario de la vulnerabilidad. Me alejé lo que más pude. Después de algunos minutos él se sentó a mi lado. No pasó nada después. Anticipó su parada y se fue. Yo me quedé sola, llena de estupor.