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Portales amarillos
Por: Yuliana Marcillo

Martes 24 Abril 2018 | 11:00

 Siempre he querido escribir sobre cómo transcurre la vida en medio de la nada. Específicamente en las casas de madera o caña que se encuentran relativamente cerca de las carreteras que conectan a los pueblos. Incluso, en las que ni siquiera se pueden ver desde la vía. Son separadas unas de otras por decenas o cientos de kilómetros. Mucha oscuridad y silencio de por medio. De noche solo alcanzas a ver la luz amarilla que ilumina tenuemente los portales. Quizá la ropa que se quedó tendida o algunos baldes de agua que no alcanzaron a guardar. Entonces sabes que la casa está habitada, pero a las 19h00 ya todos duermen, o quizá miran televisión, no se ve niños ni adultos cerca. Ni escuelas ni tiendas, tampoco bares ni farmacias, solo montañas y maleza. Entonces, sueño con internarme en una de estas viviendas y convivir con sus propietarios, aprender sus rutinas, ser respetuosa con los tiempos y con aquellos códigos de vivencia con los que la ciudad no cuenta.