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Santo Domingo
La muerte ronda en el mercado

El pasillo en el que se ubica el local que atendió Luis Vásconez permanece a oscuras.

Lunes 16 Abril 2018 | 11:00

 Vásconez de 78 años murió hace cuatro meses y desde entonces María Cando, su esposa, ha asumido la soledad y el luto por la pérdida del hombre que la acompañó durante 38 años en su casa y en el puesto del mercado municipal, ubicado en las calles Guayaquil y Ambato. 

Llegaban juntos en la mañana caminando desde la cooperativa Liberación Popular, donde vivían. Pagar un bus para ellos era un privilegio.
Las pocas ventas del local en el que ofertaban cepillos, toallas de mano, medias y alcancías no permitían esos “lujos”.

Día negro. Luis murió de una obstrucción en una arteria del corazón. Su mujer lo recuerda con dolor. Ese día él había acudido al municipio a realizar unos trámites y se enteró que la deuda que mantenía por el alquiler del local que ocuparon durante tres años en el recinto ferial (donde se ubicaba el mercado temporal) superaba los 800 dólares. 
Cuando llegó al puesto, ubicado en la segunda planta del centro de abastos, el hombre no quiso hablar con su esposa. “Se sentó y noté que algo le pasaba, le dije ‘qué te pasa Lucho, pero no me quiso decir’”, señala María en medio de lágrimas.
Esa noche, cuando llegaron a casa, Luis solo comió unas cucharadas de sopa y una taza de agua de hierbabuena. Se despidió de la familia antes de dormir y cerca de las diez de la noche se despertó con un grito, vomitó y murió.
Su local permaneció durante una semana cerrado. Un lazo negro fue colocado en la puerta lanfor por los vendedores del segundo piso.
 
Tres más. Según Victoria Celi, representante de los comerciantes del mercado municipal, el caso de Luis no es el único.    
Gonzalo Abraham, Gloria Chicaiza y Wilfrido Chango también han fallecido en los últimos meses supuestamente abrumados por las deudas. 
Chango, era zapatero y “vecino” de Luis.
María fue testigo de su muerte. “El día que falleció él me dijo ‘veci me voy al municipio a ver cuánto debo’. Y yo le respondí: ‘No vaya, ya ve lo que le pasó a mi Lucho’”.
Cuando volvió se puso una camiseta de trabajo, recuerda la señora. Y segundos después ella escuchó un golpe seco. Había muerto.
Su puesto está cerrado. Su familia decidió llevarse las herramientas de Wilfrido.
María, la esposa de Luis, no ha podido hacer lo mismo y tiene sus razones: no puede pagar la deuda que mantiene con el municipio y tampoco quiere desprenderse del recuerdo de su esposo.
 
EN CONTEXTO
El valor de la deuda que mantienen los comerciantes con el municipio corresponde al arriendo de los locales que ocuparon durante tres años en el recinto ferial (mientras se construía el nuevo mercado).
Los mercaderes han anunciado medidas de hecho debido a la falta de control en la calle Ambato y se oponen al cobro de alícuotas de costo elevado (aproximadamente 11 dólares por cada metro cuadrado de local).
El centro de abasto cuenta con 501 puestos, pero al menos la mitad están vacíos. 
El alcalde Víctor Manuel Quirola recorrió la semana pasada el mercado y decidió que el municipio deberá hacer cambios en la estructura de tres pisos.
“Hay que abrir las puertas, corregir las bodegas sin ventilación para que los perecibles duren más tiempo, con 60 mil dólares solventamos el problema de la infraestructura”, manifestó.
Con respecto a las alícuotas dijo que el valor “responde a las corridas financieras del mantenimiento del mercado. Están pagando dos dólares diarios por puesto”.
Además anunció que hoy empiezan los cambios en el edificio.