Actualizado hace: 3 horas 2 minutos
Santo Domingo
“Él sigue con nosotras”

Ni la muerte ha podido con el amor que Viviana Intriago siente por su esposo.

Miércoles 14 Febrero 2018 | 11:00

 Hace dos años que él murió dejando en Viviana una estela de dolor.

Kléber Valencia, de 30 años, perdió la vida en un accidente de tránsito el 17 de noviembre del 2015.
Horas antes de la tragedia Viviana y Kléber se habían reconciliado luego de estar enojados por casi una semana. 
“La noche del 17 (de noviembre) me fue a buscar a San Jacinto del Búa, a casa de mi madre, arreglamos las cosas, pero yo preferí quedarme allá porque la niña estaba dormida. 
Nosotros vivíamos en la cooperativa 15 de Septiembre, en Santo Domingo. Él se regresó de San Jacinto a las once de la noche”, recuerda Viviana. 
Una hora después de que Kléber, de 30 años, se despidiera de su esposa, una llamada interrumpió el silencio del cuarto donde ella intentaba dormir. 
Al otro lado del teléfono una voz extraña le decía que Kléber había sufrido un accidente de tránsito en el taxi que manejaba. 
“Yo no sabía qué hacer, estaba desesperada, me parecía mentira lo que escuchaba, no tenía cómo salir a Santo Domingo porque estaba lloviendo, el celular volvió a sonar y un agente (de la Comisión de Tránsito del Ecuador) me dijo que mi esposo había fallecido. El mundo se me vino encima”, añade Viviana, de 25 años.
La pareja tuvo siete años de relación y procreó una niña.
 
Un presentimiento. El taxi que conducía Kléber chocó de frente con un tráiler.
El siniestro ocurrió en el baipás Quito-Quevedo.  
Viviana cree que su esposo ya presentía que algo malo le iba a pasar, porque cuando estaba con ella y su hija “se portó más cariñoso de lo normal”. 
Kléber llevaba ocho años trabajando como taxista.
El sueño que tenía con Viviana era construir una casa y estar juntos con su hija “hasta que Dios nos lo permitiera”. 
Viviana dice que Kléber fue su novio desde que ella tenía 15 años. 
“Era buena persona, casi no peleábamos, la única vez que nos enojamos fue unos días antes de su muerte. Yo no iba a dejarlo, solo quería que cambiara algo en su comportamiento”, dice la mujer.
Desde la noche de la tragedia Viviana sintió que su vida dio un gran giro. 
“Es un dolor que no se lo deseo a nadie, es una pena que nunca se alivia, te sigue a todos lados, a cada hora, el alma te queda marcada”, afirma Viviana, quien no ha dejado de amar a Kléber, dice. 
Pero ella no se ha rendido.
Sabe que tiene una hija y que por ella debe salir adelante.   
Actualmente está por terminar el bachillerato y trabaja para darle todo a su pequeña, “no importa el tiempo que pase, pero el vacío que mi esposo me dejó no lo podrá ocupar nadie. Me dicen que soy joven y que puedo rehacer mi vida, pero no me siento preparada para tener otro hogar, así pasen diez años el amor que siento por él no morirá jamás”, dice Viviana. 
Ella asegura que en algunas ocasiones en su casa ha percibido el perfume que usaba Kléber. 
“Cuando mi hija está dormida habla con él, se ríe y dice ‘papi, deja de hacerme cosquillas’, él sigue con nosotras”, cuenta.